Los ácaros son una variedad de arañas microscópicas que producen a menudo afecciones asmáticas y un sinfín de reacciones alérgicas cuya repercusión en nuestra salud es inversamente proporcional al tamaño del parásito.
No sé cuántos de vosotros sois, o habeis sido, alérgicos a los ácaros o a cualquier otro agente alérgeno. En mi caso, desde que tenía unos 10 años más o menos, sufrí de ataques de asma que finalmente fueron atribuidos a una alergia al “polvo doméstico”.
Por aquellas fechas la alergología no era más que una incipiente especialidad en nuestra sanidad, había pocos profesionales dedicados a ella y los medios diagnósticos y clínicos no estaban tan desarrollados como en la actualidad. Sin embargo gracias a un pionero en Zaragoza - Dr. Briz Murillo -, pude superar las crisis tras ser vacunado durante dos años contra dicha alergia.
Al cabo de los años he sido sometido a diversos controles de alergia, y en uno de ellos se descubrió que también tenía sensibilización a las “cucarachas”. Afortunadamente no suelo coincidir con este “simpático” bicho muy a menudo.
Toda esta introducción personalizada viene a cuento de que se acaba de descubrir que un protozoo flagelado podría ser el causante de tanto quebranto en nuestra salud. El descubrimiento y tratamiento contra él se ha llevado a cabo en El Hospital Central de Asturias (HUCA) , obteniendo resultados alentadores con la administración de un antiprotozoario (Metronidazol). Pero lo que me ha llamado muchísimo la atención es que el maldito protozoo se encuentra presente en: Los ácaros del polvo y en las cucarachas.
Al menos a mí me encaja plenamente en mi perfil alérgico. Tal vez hayan resuelto un problema complejo con una solución aparentemente sencilla. Pero bienvenido cualquier avance en este sentido. Al menos si con un tratamiento de unos días se consigue matar al “bichejo” nos evitaremos las vacunas anuales y, al primer síntoma de reacción alérgica, eliminar la causa que la produce.



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