Accidente en el Hudson

Hay y habrá tantas lecturas, tantos puntos de vista, tanta imagen y tanto vaiven informativo que yo me voy a ceñir a lo que me he impuesto como “obligación” moral: Quitar, en la medida de lo posible, el miedo a volar. ¡Casi nada!.

Le contestaba a Quechu, en un comentario, que pienso que el amerizaje en el río Hudson en New York ha sido una bendición para los que tienen miedo a volar. De verdad. Evidentemente todos me direis que es mejor no tener esas experiencias tan límites.Por supuesto que sí. Nadie en su sano juicio quiere estar a punto de morir y salvarse en el último instante. Menos aún un piloto, cuyo entrenamiento para amerizar es una de las muchas prácticas que no quiere convalidar con una sola práctica real.

El hecho es que este “incidente” demuestra muchísimas cosas si se analiza en su justa medida, sin vítores y sin tremendismos ajenos al trabajo de una tripulación.

– El avión sigue volando cuando pierde toda la potencia de sus motores. Da lo mismo que sea monomotor o polimotor. Si un avión deja de tener motores, pasa a ser un “planeador” (velero) y sigue volando sea cual sea el modelo de aeroplano del que se trate. Esto es lo que más llama la atención a quienes tienen pánico a los aviones. Creen que el tamaño importa (ni siquiera en esto es importante), sólo importa que las alas estén donde tienen que estar. Ellas se ocuparán de que el avión continue plácidamente hasta la superficie. El piloto sólo tiene que procurar que donde pueda llegar este libre de obstáculos y continuar haciendo su trabajo hasta el momento del aterrizaje o amaraje.

– Los pilotos y los TCP’s asumen el mismo riesgo vital que el resto del pasaje, con la diferencia de que son los encargados además de intentar salvar al mayor número posible de supervivientes. En este caso, por las noticias que han dado y los testimonios de los pasajeros, el comandante hizo lo que está mandado en los procedimientos de todas las compañías del mundo: Avisar de adoptar la posición de defensa justo antes de la toma de emergencia. Esta posición es la que más protege de lesiones de vértebras y de golpes en la cabeza, ante una brusca detención del movimiento. Por ello la gran importancia que tiene fijarse en las instrucciones de emergencia que dan al comenzar el vuelo y las hojas de evacuación que hay en los bolsillos del respaldo.

– Las azafatas dirigen al pasaje hacia las salidas de emergencia, cuyas rampas de salvamento se habrán desplegado automáticamente en el momento de abrir cualquiera de las salidas de emergencia (bien sean las puertas o las ventanas sobre los planos o alas). Los TCP’s son los encargados de que se haga de forma adecuada y rápida para conseguir evacuar completamente el avión en menos de minuto y medio. Ello ha de cumplirse en todos los aviones sin excepción, ya que están certificados y comprobados que han de poder hacerlo en ese tiempo máximo. A partir de ahí, en caso de fuego, es facil que haya muertes por asfixia, antes que por el mismo fuego.

– El Copiloto suele ser el encargado de bajar en primer lugar para dirigir y alejar a todos los evacuados y reunirlos en una zona segura alejada del avión. Una desbandada de personas en un terreno inhóspito haría inutil haberse salvado al quedar aislado del grupo. Mientras tanto los TCP’s continuan dirigiendo hacia las salidas a todo el pasaje a bordo y solamente abandonan el avión cuando no hay pasaje en su zona de responsabilidad.

– El comandante tiene obligación de cerciorarse de que no queda nadie a bordo y entonces es cuando abandona el avión para asumir de nuevo el control del grupo y tomar las decisiones oportunas para continuar con vida con los medios de que se dispones, en cuanto a balizas de emergencia, intento de establecer comunicación con las asistencias, etc. Pero sigue siendo el máximo reponsable de la vida de sus pasajeros, hasta que son rescatados por los servicios de emergencias cuando lleguen a ello.

– Se ve que un avión, en condiciones de agua en calma, flota como un barco durante bastante tiempo, el suficiente como para que todo el mundo pueda salir y subirse en las balsas hinchables. Aquí querría hacer la salvedad de que las normas de seguridad han ido variando con el tiempo y no es obligatorio llevar balsas neumáticas si los vuelos no están alejados de la costa un número determinado de millas. Ello ahorra peso y consumo de combustible, y se supone que en caso de amerizaje este se puede realizar justo al lado de la playa…

– En aguas oceánicas, con mar rizada o fuerte oleaje, la flotabilidad se ve alterada en tanto que al abrir las puertas el agua comienza a entrar hacia la cabina, por lo tanto es más necesario hacerlo de forma rápida y organizada. Normalmente en estas condiciones está previsto con mucho tiempo, ya que desde el nivel de vuelo al que ocurra la pérdida de potencia hasta el momento de amerizar, habrán pasado unos veinte minutos de vuelo, durante los cuales los pilotos estarán intentando recuperar algún motor y las azafatas dando instrucciones concretas y solicitando la ayuda de la gente más fuerte físicamente y psíquicamente para organizar la evacuación. Los más fornidos arrojarán la balsa al agua y los más serenos colaborarán a dirigir a sus compañeros de viaje.

– Por último destacar que la suerte ha sido una gran compañera en este suceso, ya que amerizar en un río por el que circulan cientos de embarcaciones de todos los tamaños, donde los helicópteros están sobrevolando continuamente el cielo de Manhattan (policía, turísticos, televisiones…) y el hospital más cercano está apenas a cien metros de donde cayó el avión, no es lo más normal en un accidente. Sin embargo lo más importante de todo es destacar que todos estaban vivos sobre las alas, es decir después de ocurrida la tragedia. Nadie había muerto y parece que sólo había un herido con fracturas. Todos se habían salvado de forma natural. Y luego los servicios de evacuación y asistencia tuvieron posibilidad y medios para actuar con diligencia y prontitud. Así que la guinda al pastel la pusieron todos estos seres anónimos que cumplieron perfectamente con su cometido, de forma organizada y con eficacia.

Así que enhorabuena a todos los afortunados pasajeros del vuelo 1549 de US Air. Y Felicidades a Chesley Sullenberger,comandante de dicho vuelo, a su copiloto y al resto de la tripulación, de quien ya nadie se molesta ni en dar sus nombres. ¡Lástima que por poquito nos quedemos cortos!

Aquí os dejo unas fotos de la agencia REUTERS donde se ven unas imágenes del avión flotando, el pasaje tranquilamente sobre las alas, las ayudas con barcos, los buzos… pinchando sobre ellas(a la segunda) se ven en grande.


Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

8 pensamientos sobre “Accidente en el Hudson

  1. No tengo miedo a volar, acabo de publicar un pequeño post sobre los aviones y las aves, ya que recordaba que Félix Rodríguez de la Fuente había implantado un nuevo medio para alejar a las aves de los aeropuertos. He ido buceando por internet y he conseguido encontrar lo que sabía, pero había olvidado.
    Me agradaría que aquí o en mi blog http://www.unjubilado.info/2009/01/17/cuando-aviones-y-aves-comparten-vuelo/, me dieras tu opinión como piloto.
    Un abrazo.

  2. lo de new york os hace grande a los pilotos, y da mucha confianza al viajero de saber que esta en buenas manos… ha sido bestial… y la coordinación de los servicios de emergencia en el desalojo de la aeronave. un milagro , menos milagro gracias al piloto. EL NOBEL O EL OSCAR o algo a ese hombre.

    saludos.

    agustin

  3. Emilio creo que ya te he contestado agregando un enlace al respecto. de todos modos eres un investigador magnífico.

    Agustín tampoco es para tanto de verdad. Cada profesión teiene sus riesgos, sus técnicas y su responsabilidad. Para mí la de mayor trascendencia social es siempre la de maestro, que es quien ha de llevar a los niños a amar el estudio y así desarrollar toda la sociedad. el resto somos puros operarios…

    Sofi No sé lo que te habrá contestado Emilio, yo te puedo decir que he visto en persona las consecuencias, me he asustado con bandadas que afortunadamente no me han derribado, y cada vez que escucho un pájaro cantar en el bosque me quedo maravillado. Ellos no tienen la culpa. Pero en un aeropuerto son un peligro. Claro que la sociedad que hemos montado poco tiene en cuenta su habitat, las ovejas se han quedado sin cañadas, los pastos de montaña son ahora urbanizaciones, las tortugas son aplastadas a miles en no recuerdo dónde cuando atraviesan una carretera para llegar a la orilla del mar. Pero… nosotros tampoco somos culpables. Yo te remito al último post donde se ve lo que produce un pajarito cuando entra en un motor. Besos

  4. Me alegro mucho por los pasajeros ilesos del vuelo, pero vamos, que me digas que un accidente con final feliz quita el miedo a volar… jejeje… a mí no!!!!
    Pero gracias por seguir intentándolo!!!
    Besos.

  5. Vaya con Isabel, así que me voy a tener que emplear a fondo. Pues sí un accidente, bien leído y bien interpretado, es una EVIDENCIA de cómo un avión sin motores vuela, de que no estalla, de que el piloto es el fundamental para que el “amerizaje o aterrizaje” salga bien. Otra cosa es cónde ocurrió y por qué tuvieron esa GRAN SUERTE. Pero si te empeñas en demostrar todo lo contrario, entonces échale la culpa a los patos. Lamentablemente estas cosas ocurren, a centenares en nuestras carreteras y calles, a diario, un goteo de muertos inexorable y continuo. Pero muy pocas personas reconocerían abiertamente que tienen pánico al coche (algunas hay). Y sin embargo las cifras en favor de un avión son Fríamente Extraordinarias.
    De cualquier modo lucharé por ayudarte a superarlo, aunque sea a base de abrirte la cabeza con un autobús lleno de carritos abiertos. Tambien yo soy un cabezota… jeje. Gracias y un beso antes del autobusazo…

  6. He estado tan atareada con exámenes que no había leído este post. Qué honor!! Lo mío y lo de volar creo que no tiene remedio, así que seguiré con la actitud llevada hasta ahora: no planeo viajes por mi cuenta, pero me subo a todos los aviones a los que se sube mi marido. En serio, Carlos, menuda armé en el vuelo del viaje de novios, y ni con el comandante a mi lado, sonriendo, me creía que el avión no estaba en un grave peligro. Ahora lo pienso y me da la risa, pero es que dentro de un avión dejo de ser yo, y me convierto en el ser más irracional del mundo. Visto desde fuera creo que es bastante cómico. Un beso!

  7. Vaya con Quechu,. ¿Así que montaste el numerito?. No te importe, al final siempre te reirás de la anécdota. No es cómico, pero en el fondo es muy bueno que lo digas abiertamente. Je je. Lástima no haber estado ahí para dejarte llevar el avión. Seguro que eso te habría dado confianza.
    Un secretillo… mi niño con unos tres años llevaba los mandos perfectamente nivelados y sin bajar ni subir un pie de altitud. Otro de los que nos visitó en cabina desconectó el piloto automático mientras le enseñábamos los relojitos. Criaturas, y luego vamos los pilotos dandonos importancia. No se lo digas a nadie. 😉

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