Adiós a La Caixa

Caixabank

 

Me siento feliz de poder cerrar una cuenta bancaria con el actual CAIXABANK, aunque cuando inicié mi relación fuera La Caixa. Han sido más de veintitrés (23) años de “matrimonio” de conveniencia, con una relación de amor/odio forzado por una hipoteca subrogada que me dió más de un quebradero de cabeza.

Mi historia con la entidad no creo que sea muy diferente de la de otros clientes, porque la política de cualquier banco o Caja es lógicamente ganar dinero y seguir generando unos beneficios que luego sirvan para que el banco crezca más y más y más… a base de esas “pequeñas” comisiones, esos gastos de mantenimiento, esos pequeños descubiertos y esos desahucios “inevitables” por morosidad.

Cuando las cosas fueron bien mis pocos ahorros iban a parar a esa cuenta, los pagos domiciliados, la nómina, las tarjetas de crédito y hasta el seguro del automóvil dependían de ella. Pero llegaron mis vacas flacas, un parado más de entre seis millones de personas, y necesitaba de esos ahorros para seguir cubriendo los gastos fijos a los que no podía sustraerme, entre otros el principal era la propia hipoteca.

Así que traté de hacer líquidas unas cédulas hipotecarias (que se ofrecían como de total liquidez y garantía de recompra por parte de la entidad) para ir “tirando”. Pero las circunstancias económicas habían cambiado, la propia CNMV había hecho una serie de modificaciones en las que los únicos beneficiados eran los bancos. No había inversores que compraran esas cédulas, tampoco La Caixa asumió el compromiso verbal de recompra, por lo que me ví forzado a apechugar con lo que quedaba y “malvender” otro tipo de valores con unas “minusvalías” importantes dada la situación general de crisis económica.

No me quejo del trato de cada uno de los empleados de las oficinas, gracias a los cuales la relación personal ha sido magnífica, pero sí que me quejo de la “alta dirección”  a quienes mandé una carta rogando tuvieran en consideración tantos años de “fidelidad” y por qué no decirlo, de un cliente que había aportado su granito de arena en el crecimiento económico de la misma, y que ahora necesitaba solamente recuperar su pequeño patrimonio para continuar con su vida. La respuesta que obtuve fue sin duda el colmo del cinismo, ya que acababan remitiéndome al Defensor del Pueblo de la Generalitat, para dar curso a mi demanda.

En ese instante me juré a mí mismo que en cuanto pudiera liberarme de su esclavitud se daría por concluída una etapa demasiado larga de dependencia, y que con MI DINERO no les iba a dejar ganar ni un sólo céntimo. Sé que no les supondrá ningún quebranto, que mi cuenta habrá sido borrada sin pena ni gloria, que para ellos no soy nada y por tanto nadie me echará de menos. Pero a nivel personal siento una profunda satisfacción al sentirme de nuevo liberado de su atadura, de su poca o nula consideración hacia unos clientes que distan mucho de ser valiosos para ellos. Pero se olvidan de una cosa muy elemental, y es que a base de muchos poquitos ellos se hacen grandes, y que nosotros somos en primera instancia los que les aportamos esos poquitos. A partir de ahora que no cuenten con mi poquísimo, con mi nada, porque para mí ya son historia pasada.

 

 

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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