Año de nieves y de lluvias…

Valle de Benasque

 

Hubiera podido ser un buen año con tanta nieve acumulada, y con las lluvias primaverales que hacían prever una buena cosecha, si el tiempo nos hubiera dado tregua. Pero la naturaleza no entiende de refranes, o los que nos sirven como referencia no disponen de todos los datos posibles ante un capricho meteorológico.

Llevo muchos años subiendo al Pirineo en cualquier época, disfrutando de sus maravillas y observando el cambio social que se ha ido produciendo en un entorno siempre en un equilibrio difícil de mantener. Los cambios de costumbres, las necesidades humanas que buscan nuevos modos de vida, a veces la avaricia, y siempre la irresponsabilidad, contribuyen a que un hecho natural se pueda convertir en una catástrofe devastadora.

Andamos viendo las riadas lamentables en Benasque y Arán, consternados por la destrucción de bienes materiales y afortunadamente sin víctimas, sin pararnos a pensar que el verdadero origen de estas tragedias está en nosotros mismos. Benasque es para mí algo más que un precioso pueblo, en un entorno maravilloso y muy cercano a varios picos de más de tres mil metros (aquí podeis ver alguna de mis fotos). Ha sido de siempre la cuna de nuestros deportistas de montaña, escaladores y amantes de la naturaleza se daban cita en sus campas sembradas de tiendas de campaña para tratar de hacer cima en cualquiera de esos picos majestuosos, o caminar entre los bosques que siembran de claroscuros el sendero…

El acceso al valle a través del Congosto de Ventamillo, estrecho y profundo,  fué el que tal vez hiciese que se tardara algo más en experimentar un crecimiento irracional de la construcción turística, pero acabó llegando de manera inexorable y generando riqueza.

Cerler, el Aneto, los ibones, los llanos del Hospital, ofrecen millones de posibilidades de turismo, de disfrute de la maravillosa sensación de estar en plena naturaleza con tan sólo ascender unos pocos metros por cualquier vereda. Pero la verdad es que sorprende estar en el Refugio de Pescadores viendo caminantes con tacones tras haber llegado en autobús, a los pies del Aneto…

No conocemos límites a nuestro afán de enfrentarnos al ritmo propio del entorno “salvaje”, desafiamos continuamente a la naturaleza poniendo puertas al campo, conteniendo caudales y enjaulando torrentes entre muros demasiado débiles cuando la tormenta se desata. Y luego nos damos cuenta de que nada puede parar al agua brava y libre que siempre busca el cauce por el que como siempre ha circulado en libertad y sin barreras.

Un viejo amigo de Benasque (casi tan antiguo como el pueblo) nos comentaba un día por dónde iría el río cuando le viniera en gana, a dónde irían los edificios adosados a las rocas de la llanura que antaño habían depositado viejas riadas, cómo quedarían desechos los muros de contención del torrente que socava sus cimientos, poco a poco, año a año y sin ninguna prisa hasta dejarlo colgado de un talud que acaba desmoronado.

Ha llovido mucho sin duda, nevó mucho este invierno, y las tormentas recientes han arrojado el agua sobre mojado, pero los viejos del lugar sabían dónde y por qué, cómo sucedería y hasta dónde llegaría el agua, pero no sabían la fecha del acontecimiento. Ahora por desgracia ya la sabemos.

¿Y si la culpa no es del agua, a quien se la tenemos que echar?.

 

 

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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