
No sé si habeis apreciado un sutil cambio de forma en mis artículos de aviación. No de fondo.
Podríamos decir que, hasta ahora, hemos estado “calentando motores” (expresión que viene de los primeros tiempos de la aviación, cuando los motores de pistones debían de arrancarse con antelación para que alcanzaran una temperatura adecuada antes de poder exigirles toda la potencia para el despegue).
Había comenzado “suave” hablando muy en general de aviación. Dejaba mi identidad un tanto difusa y no había nombres ni de empresa, ni de directivos. Ahora voy introduciendo esos datos para que nadie considere que son vaguedades o desvaríos de alguien sin ningún fundamento.
Una de mis mayores frustraciones como profesional de la aviación ha sido no poder convencer a casi nadie de la importancia de muchísimos factores que afectan a la seguridad del vuelo.
La Prevención y Seguridad en el trabajo es algo que todas las compañías de cualquier sector empresarial tienen como obligación. Más aún en aviación. Se imparten cursos específicos y se dan unas pautas muy exigentes en cuanto a “Procedimientos de Emergencia”, se analizan y estudian las causas de todos los accidentes para evitar caer en los posibles errores que se hayan cometido, se dictan circulares y normas JAR de obligado cumplimiento, etc. Pero lo que no se “respeta” son los sentimientos humanos de los trabajadores.
Nadie ha sido capaz de evaluar objetivamente los beneficios que ello comportaría a cualquier empresa. Nadie sabe valorar tampoco lo barato que resulta tener a la gente contenta en su trabajo. En definitiva los trabajadores dependemos siempre de la “cuenta de resultados” de nuestra empresa y, por supuesto, del caracter de sus directivos.
En cualquier accidente laboral, de tráfico o doméstico, siempre aparece como causa fundamental la responsabilidad del propio accidentado. En un avión dicha responsabilidad recae siempre en el comandante del vuelo. Independientemente de su trayectoria profesional intachable, sólo tiene una oportunidad para que todo se vaya al traste. Basta un lamentable error para que las consecuencias del mismo sean una auténtica catástrofe.
Por ello siempre aparece como causa primera de un accidente el “error de la tripulación”. No digo que ello no sea así, por lo que siempre he transmitido a los pilotos -tanto a los expertos como a los noveles- que: ”EN AVIACION SIEMPRE TOCA”. Lo que tiene que hacer un piloto por tanto es :”NO COMPRAR PAPELETAS PARA EL SORTEO”.
Nuestra responsabilidad va más allá de desarrollar adecuadamente nuestros vuelos, sino que estamos obligados a transmitir nuestros juicios y valoraciones a quien corresponde. Se nos presupone un desarrolladísimo grado de sensatez a la hora de tomar decisiones de gran importancia en apenas unos instantes de peligro, mientras que , una vez en tierra, se considera que nuestros juicios de valor son “encabronamientos” de unos privilegiados.
¡NO ES VERDAD!. Somos unos profesionales a los que se les ha tapado la boca de forma sistemática. Y cuando uno sale hablador o, como es mi caso, también escritor se le considera inmediatamente “PERSONA NON GRATA” para los intereses de la compañía.
En mi caso les ha costado doce años tener una causa “objetiva de despido” y no ha sido causa profesional, sino médica. Pero otros “legionaros” de la representación sindical han ido cayendo en las batallas de la negociación. Todos los que han sido “líderes” de las negociaciones sindicales en Air Nostrum , han ido causando baja en la empresa por diversas razones. Todas ellas finalmente negociadas.
Mientras los demás nos parapetábamos tras sus espaldas, ellos se batían el cobre por el bien de todos. Ahora sólo puedo darles las gracias a los: Eduardo, José María, Perico…y todos sus sucesores. Sólo quiero recuperar la licencia y estar de nuevo en forma para poder estar, junto a los compañeros, ¡en las barricadas!.
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Escrito por Carlos
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