Aranda

Soy descendiente de Jarque de Moncayo, en la Comarca del Aranda, una comarca casi olvidada de no haber sido por la industria del calzado que, aunque parezca mentira, se desarrolló inicialmente en Brea de Aragón, y se hizo mundialmente famosa desde Illueca, cuna del Papa Luna.

Es una comarca que guarda grandes sorpresas y que quiero que vayais llegando a conocer poquito a poco, sin empachos. Porque la siento como lo que es, mi origen y mis raíces.

Hablar de pueblos o de gentes es lo mismo, porque un pueblo es realmente un grupo humano, una casta que trasciende en el tiempo, y cuya cultura casi siempre es producto de su historia, de su modo de vida y de las tradiciones que ha sabido mantener.

Toda la comarca es una muestra de naturaleza, dura las más de las veces, y rica a base de esfuerzo y sudor de sus gentes. En Aragón nada se regala, hay que arrancarlo a la fuerza de las vegas, de los riscos y de la roca. Y ese carácter tan nuestro, de gente recia, conformada y paciente hace que, con pocos medios, hayan logrado perdurar en el tiempo y no desaprecer del mapa…

Y es que Aragón existe, aunque no tengamos apenas voz, aunque sus políticos emigren a Madrid después de haber dejado pasar las pocas oportunidades que nos ofrecen; pero sus gentes, nosotros, permanecemos al pié del cañón, seguimos luchando por sobrevivir con la herencia de nuestros antepasados, y seguimos amando ese enorme legado que nos han dejado.

Espero que si no llegais a quererla tanto como sus habitantes, al menos os llegue el eco de su pasado y el ulular del viento serrano del Moncayo, a las faldas del mismo por el sur, y en plena Sierra de la Virgen, la cual mira hacia su fértiles vegas desde la atalaya de su Santuario.

Comencemos a recorrerla empezando por Brea de Aragón.

Seguimos con la sede de la comarca,   Illueca

5 pensamientos sobre “Aranda

  1. David, muchas gracias, pero las vacaciones van a ser muy breves Eso sí intensísimas… ya irás viendo mis devaneos en fotos. Feliz verano a tí también 😉

  2. Vaya no sabía que teníamos algo más en común que la simpatía casual… mis raíces y mis antepasados por parte de mi madre son de Jarque Del Moncayo… Que pequeño es el mundo !!!

    Recuerdos como el Monte del diablo, La fuente de Los Moros, La plaza, el Teleclub, los cerezos y almendros en “La Venta”, en “Valoria”…. jolín

    UN ABRAZO PAISANO

  3. José, ya ves qué pequeño es el mundo… o que grande Jarque. Ciertamente es casualidad o causalidad dar con nuestras simpatías sin saber que hay algo que nos une más allá del devenir diario… Así que la sangre y el agua del Aranda llenan nuestra memoria ancestral. Olé.

  4. A mis queridos paisanos les dedico este poema con cariño.

    titulo: “Creo en ti….JARQUE”

    Veneraré tu imagen mientras viva
    Recorreré mentalmente tus calles,
    caminaré por tus bellos parajes
    llenándome de aromas de tus valles.
    Escucharé consejos de mayores
    para extraer lo bueno del antaño,
    saboreando a fondo tus virtudes
    y recordar los tiempos ya pasados.
    Bendeciré el haberte conocido
    y te honraré como un hijo a su padre,
    serás mi faro en medio de la noche
    lo mismo que la orcacha a los frutales.
    Serás viento del norte y del solano
    que arrastra con frecuencia las tormentas,
    dejando al cielo limpio y despejado.
    Te llenaré de amor y de piropos
    que justamente es lo que tu me has dado,
    y regaré tus calles con mi sangre
    por defenderte con uñas y con dientes.
    Proclamaré que soy hijo de Jarque
    y que te llevo dentro de mis entrañas,
    cabalgaré a lomos cien corceles
    y trotaré por todas tus montañas
    para mirarte desde lo alto la cima
    y recrear mi vista con tu imagen.
    Desde el castillo me sentiré poeta
    creando rimas que broten de mi alma,
    evocando tiempos que ya no volverán
    y que marcaron huella hasta el día final.
    A borbotones me llega la nostalgia
    de aquellos días que tu eras mi cobijo,
    mi amigo, mi presente, mi futuro,
    y que al nombrarte, me llenaba de orgullo.
    Veneraré tu imagen mientras viva
    y espero, que me acojas cuando muera,
    tendiéndome los brazos como a un hijo
    y reposar eternamente ya en mi tierra.

    Autor: Carmelo Sancho Liarte

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