Comer en el hospital

(Vista de Zaragoza desde “El Servet”)

Hoy me viene al pelo este artículo que publica Heraldo, sobre las comidas en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

He tenido la suerte de no estar personalmente hospitalizado allí, pero como “acompañante” de otros enfermos he tenido la oportunidad de ver que lo que cuentan es verdad, con respecto a los menús. Incluso he probado varios de sus guisos y debo resaltar que están muy bien elaborados, que los pescados son muy frescos y que las dietas que corresponden a cada paciente están minuciosamente elaboradas y no suele haber ningún fallo.

Tal vez los enfermos ingresados no puedan apreciar la excelencia de una comida que ni les apetece, ni tienen ganas de comer, ni hacerlo en la cama invite a degustarla, pero quitando que comer ayuda a recuperar las fuerzas, el resto les suele atraer muy poco.

Pero lo que para los pacientes es todo un derroche de organización y eficacia, para los trabajadores que están de guardia allí es un verdadero desastre.

Salvo entre el personal sanitario del mismo, no trasciende cómo se alimentan estas personas cuyo turno de guardia dura 24 horas. Pero yo os lo voy a contar, porque es un escándalo.

Resulta que tienen un pequeño comedor en la zona de traumatología, con unas cinco o seis mesas para que coman, cenen y desayunen más de cien facultativos que suelen componer el servicio médico de guardia. Lógicamente cada uno come cuando puede, así que el horario de este comedor es en la práctica incompatible con muchas urgencias. El hecho es que si no están al principio de la apertura del comedor, es más que probable que cuando lleguen no tengan prácticamente nada que llevarse a la boca. Y eso debe ocurrir cada día.

Será que yo estoy muy mal acostumbrado, pero cuando hacía servicios extras como camarero, hasta en el restaurante más “rácano” nos daban la comida como parte del pago a nuestros servicios. En unos se hacía un menú económico para los camareros, en otros se comía lo mismo que el menú del banquete que habías servido, y en todos se solía tener la libertad de tomar un vinito o cerveza al gusto, o un refresco.

Pero en el Servet, nada de esto. Cuando se acaba lo que hay “previsto” se quedan sin comer. Para beber, agüita fresca del grifo, no sea cosa que tomarse un zumo de los miles que se retiran y tiran tras haber sido rechazados por los enfermos, les haga coger malos vicios.

Durante la noche, los cafés corren de cuenta de cada uno, basta con servirse de las muchas “vending” que hay distribuidas por las plantas. Y digo yo, ¿no tendrían derecho a una cafetera para mantenerse en vela cuando de madrugada son requeridos para atender a un enfermo urgente?. O un caldito caliente que entona el cuerpo cuando, tras haber cumplido con una urgencia grave o gravísima, la adrenalina empieza a abandonar el torrente sanguíneo y te quedas “para el arrastre”. Tal vez por pedir que no quede, una fruta o un yogur, para recuperar algo de la energía perdida, con una dosis de glucosa natural y vitaminas tampoco estaría de más.

Esto es la realidad de la trastienda, y me imagino que el comité de empresa habrá tratado de ello con la dirección del hospital. Pero comer en un hospital está reservado sólo a los pacientes.

Imagino que más de uno se sorprenderá, y que otros incluso piensen que no se merecen ningún privilegio de los que yo he sugerido. Pero debo recordar que este personal no puede abandonar el hospital durante todo el tiempo que dura su guardia, así que no tienen ninguna alternativa para comer como cualquier trabajador normal, ni siquiera a la hora establecida para poder hacerlo, ya que dependerá del “atasco” que haya en urgencias.

En fin que yo si algún día tengo que acudir a este servicio es probable que me lleve una bolsita “PIC-NIC” por si el personal que me tiene que atender no ha tenido oportunidad de comer. Prefiero que coman primero y luego, con la mente funcionando normalmente, me hagan lo que me tengan que hacer.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

4 pensamientos sobre “Comer en el hospital

  1. Hola, hace algún tiempo mi hija estuvo ingresada unos días en este hospital, y no os podéis imaginar lo que le gusto el pollo que le pusieron, hasta estuve tentada de pedir la receta, ya que una que se considera buena cocinera, tuve unos ciertos celos, cuando mi hija cada vez que comía pollo siempre tuviera la frasecita de, si mama, pero el del hospital estaba mas rico.
    Ahora ya lo superé, pero hoy es el día, que se sigue acordando de aquel fantástico pollo.

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