Cuando seas padre…

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¡COMERAS HUEVOS!

Eso nos decían a los niños cuando queríamos algo que era considerado como de mayores.

Lo cierto es que ni entonces ni ahora entendía muy bien el mensaje que se nos quería transmitir con esa expresión que sencillamente quería decir ¡que NO!. Imagino que también nos animaban a tener paciencia y a esperar nuestro momento para poder tener algo para lo que todavía no teníamos la edad suficiente.

Estas reflexiones me van surgiendo a raíz de los acontecimientos que ocurrieron en Pozuelo el fin de semana pasado y que “amenazan” con repetirse éste que se nos viene encima… Todavía no se sabe muy bien el desencadenante de tanta rabia juvenil y de un enfrentamiento ¿absurdo? entre las fuerzas de seguridad y una multitud de adolescentes y jóvenes durante unas fiestas populares. Pero lo cierto es que ocurrió y muy posiblemente vuelva a ocurrir.

Algo extraño hay en todo este tema, en una juventud que “aspira” a un futuro mejor mientras ve cómo sus padres se van quedando en el paro. La ilusión transitoria que ofrece el botellón  (acompañado o no  de pastillas, porros y demás drogas enajenantes), hace que lo más fácil sea recurrir a este tipo de “fiesta” para sentirse ajenos a los auténticos problemas a los que se tienen que enfrentar día a día.

La madurez llega sin duda cuando menos te lo esperas, generalmente nos resistimos a aceptar lo que conlleva de responsabilidad personal, y sólo queremos ser mayores para poder hacer lo que nos plazca sin tener que dar explicaciones a nada ni a nadie, y mucho menos a la policía. ¡Hasta ahí podíamos llegar!.

Ahora que la vida se ha alargado, que es muy gratificante ver como cada día hay más ancianos (aunque estén apartados alojados en una residencia), que la esperanza de una vida más larga y con más posibilidades de que a la vez sea con cierta calidad es mucho mayor que antes, queremos quemar etapas de manera más rápida que las anteriores generaciones. ¡Tenemos PRISA!.

Nuestros jóvenes tienen prisa por hacerse mayores. Nosotros tenemos prisa por llegar a lo más alto en nuestra profesión. Queremos conseguir todo lo que nos ofrece la sociedad de consumo de una manera inmediata y estamos confundiendo la sociedad del “bienestar” con lo que sería realmente la aspiración más lógica, llegar a una sociedad donde estar bien.

Es todo bastante triste, porque el alcohol no conduce a nada. La fiesta, como modo de celebración de un buen momento, se ha convertido en un objetivo en sí misma. Sólo importa tener la sensación de que se está bien, lo cual nos lo ofrecen de manera inmediata el alcohol o las drogas. Pero al final, los efectos contrarios, destapan nuestras carencias de manera más cruel, más intensa y mucho más dolorosa. Los espejismos sólo producen frustración al descubrirlos.

Hay mucho detrás de una actitud juvenil que ha pasado de ser una excusa para juntarse y disfrutar de los amigos, a ser una reivindicación social, ¡queremos botellón!. Hasta ahora había sido un mal menor con el que nos enfrentábamos los padres en particular, con nuestros miedos a que nuestros hijos acabaran borrachos o tirados por un parque, a que sufrieran algún tipo de “mala influencia”, mientras pensábamos en cómo educarles en la responsabilidad y que ellos mismos se apartaran de estos comportamientos. Pero el cambio tan radical a una nueva forma de violencia que no tiene nada que ver con el estatus familiar, debe hacernos recapacitar a todos en que nos hemos equivocado de medio a medio.

No debemos tolerar estas actitudes violentas. No podemos justificar que nuestros hijos beban como única forma de diversión (nosotros tampoco deberíamos celebrar todo con una copa, o dos o tres…). No debemos justificar que tienen poco dinero para entrar a los “garitos” a tomarse una copa y que algo tienen que hacer. ¡pues claro que algo tienen que hacer!: ESPERAR y MADURAR.

Tienen que aprender a esperar, con paciencia, a ser de verdad mayores. Tienen que tener la seguridad de que al final todo llega, a su debido tiempo. Y por supuesto que al final tendrán que llegar a entender que cuando sean padres comerán huevos. Nosotros por ahora vamos comiendo huevos sí, pero algunos nos los tragamos con hiel.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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