Domingo de Resurrección

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                                        (fuente de foto) 

Dedico este artículo a dos personas muy próximas a mí que han fallecido durante esta Semana Santa. Primero a mi tío Emiliano que a los 90 años nos abandonó definitivamente el martes, siendo incinerado el miércoles. Ayer en Corella asistí también al entierro de un amigo, Javier, muchísimo más joven y que fué sorprendido por “La parca” el Jueves.

El Domingo de Resurrección se celebra el triunfo de la vida sobre la muerte, el regreso a la vida eterna de los creyentes después de cruzar el largo río de la vida. En todas las culturas, civilizaciones y creencias religiosas, se ha buscado siempre la trascendencia del hombre y el porqué de su presencia en la tierra. Cada época ha establecido su modo de acercarse a “Dios” de una forma especial, con sus propios ritos y siempre con su propio sacrificio.

En la religión cristiana esto se logra mediante la oración y la fe en la Resurrección de Cristo. Quienes no poseemos una auténtica fe y de alguna manera nos rebelamos contra el inexorable destino al que estamos abocados desde nuestro nacimiento, sólo nos “replanteamos” la existencia de Dios cuando a alguien, a quien queremos, llega a su punto y final. Es entonces cuando desde lo más profundo de nuestro ser emana el ansia de que no sea más que un paréntesis y pueda ser verdad lo de que hay una vida plena de felicidad junto a nuestro Dios. Deseamos que exista la vida eterna y que todo lo que se nos hace tan dificil entender de forma racional, sea la pura VERDAD de nuestra existencia.

Puedo deciros que esta Semana Santa ha sido muy especial para mí y que, a mi modo, he dedicado la vista de las procesiones a ambas personas como forma de intentar que hayan llegado al Cielo. ¡Ojalá sea así!.

Por eso hoy que celebramos la Resurrección de Jesús, y con él la de todos los creyentes, lo celebro de forma íntima y deseando que sus almas descansen en Paz.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

6 pensamientos sobre “Domingo de Resurrección

  1. No sólo los que dices “no tienen auténtica fe” dudan de la existencia de ese Dios.

    En esos momentos, hasta el mas creyente duda, tiembla su fe.

    Ellos han descansado, ahora os toca ser fuertes a los demás.

    Un abrazo.

  2. A mi también me gustaría creer que existe la vida eterna, pero la verdad es que no se si la hay o no. La muerte de eres queridos nos llena de tristeza y el vacío que eso nos produce nos hace creer en cosas que de normal no creeríamos. No se si hay vida después de la vida, pero me niego a creer que el alma (llámalo como quieras)de las personas tiene una muerte física, sería como matar al pensamiento, al sentimiento etc. “Requiescat in pacem” por tu amigo y tu tío. Un abrazo

  3. Siento tu dolor, Carlos. Siempre he creido que para los creyentes es más fácil encontrar respuestas a cuestiones inevitables como la muerte. Eso no evita, sin embargo, que el dolor de la pérdida física sea inmenso. Te acompaño en la distancia cibernética… Un beso.

  4. Querido amigo, Carlos. Lamento la perdida de tu tío Emiliano y de tu amigo Javier. Te acompaño en el sentimiento.

    Estos días de Semana Santa me he quedado en tierras aragonesas que no en Zaragoza y te puedo decir que no había vivido tanto estos días desde hace años. Mis hijos, los dos, salieron en procesión muy convencidos y con idea de elevar sus plegarias y rezar. Así me lo dijeron tanto la de 12 años como el pequeño de 7. Me emocione y mucho.

    Han sido días intensos asistiendo a los oficios, visitando los Monumentos (Exposición del Santísimo), la hora Santa, las procesiones y la Vigilía Pascual. Te parecerá excesivo. No sé. Pero te aseguro que la fe de mis hijos me han servido para descubrir una nueva Semana Santa.

    Me has recordado, con tu post, todo este derroche de sentimientos. Ya lo siento. Millones de gracias por este post, tus reflexiones y sentimientos. Que son muchos y grandes.

    Un abrazo,

  5. Muchas gracias a todos por vuestro consuelo. La verdad es que estoy en una edad “muy mala”, ya que a parte de mis adorados “viejicos” de la familia, el círculo de amigos estamos ya en la cincuentena y eso conlleva el deterioro progresivo de nuestra fortaleza física. Pero cuando la muerte se presenta tan de repente como con Javier siempre queda un poso de duda y de alerta. ¡Cuidaos todos mucho, porque a veces no tenemos segundas oportunidades!.

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