El Belén

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Una de las tradiciones más bonitas de la Navidad es la de montar tu propio belén. Cuando éramos niños ansiábamos que llegaran las fiestas, más por no tener que ir al cole que por otra cosa, pero también para colocar las figuritas en nuestro nacimiento.

Ya de mayores sirve para “entretener” a tus hijos y hacerles sentir que serán los continuadores de esta tradición tan bonita.

La infinidad de nacimientos que se exponen al público tienen mucha calidad en general, sus figuras son extraordinarias, los ríos llevan agua y en muchas ocasiones tienen movimiento.

El mío es mucho menos ambicioso, es un belén humilde, con figuras de escayola pintadas por mi mujer, otras compradas de saldo en las tiendas del todo a 100, las montañas son de papel y el río de papel aluminio. Pero cada año, ella y yo, renovamos la ilusión del hogar poniendo nuestro belén. Pasamos unos momentos muy felices montándolo con cariño y nos recreamos contemplando el resultado de nuestro pequeño esfuerzo.

Por primera vez lo vais a poder visitar en este blog. Mi intención no es otra que animaros a hacer el vuestro, si todavía no habeis encontrado un momento para hacerlo. En cualquier caso, la sensación de montar el belén te lleva inmediatamente a recordar tu infancia. Y es que: “Somos como niños” .  

Si quereis ver más fotos del belén pulsar aquí.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

Un pensamiento sobre “El Belén

  1. Debo reconocer que este año no hemos estado muy motivados para montar el Belén. Los chicos ya son grandes y no hay el mismo clima que cuando eran pequeños.

    Pero quiero romper una lanza por el Belen de mis padres. El ritual es el de todos los años. Sacan la maleta antiquísima donde guardan todas las figuras y el corcho, sobre un mueble lo montan muy parecido a como lo habeis hecho vosotros.

    Es verdad, cada vez que entramos en su casa y lo vemos nos recuerda la infancia. Pero también la de mis hijos porque ellos también han vivido el Belén de los abuelos. Mi hermano y yo nunca tocábamos las figuras, eran sagradas, pero mis hijos y mi sobrino han tenido bula y jugaban con ellas como si playmoviles se trataran.

    Durante un mes ahí estará. Hasta que los Reyes lleguen al Portal. Y cada vez que entremos en casa de mis padres será lo primero que veamos.

    Un abrazo

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