El tubo de tapas

Probablemente el tubo de Zaragoza sea uno de los lugares más visitados y conocidos de la ciudad desde tiempos inmemoriales. Desde mi más tierna infancia ya conocí los bocadillos de calamares que eran la estrella de la zona a que me refiero. Muchas de las tardes que salíamos del cine acabábamos allí comiendo uno de estos bocadillos rellenos de calamares a la romana con salsa mahonesa o solamente fritos. ¡Qué delicia!.

Sin embargo el tiempo hizo que poco a poco esta zona fuese perdiendo vigor y ya, con el cierre definitivo del Café-cantante “El Plata” (Reciéntemente reabierto), practicamente llegó a desaparecer. Sin embargo todavía se mantuvieron en su lugar de siempre un par de restaurantes de los “de toda la vida”. Como únicos mantenedores del origen gastronómico de toda la zona permanecieron abiertos al público dos lugares emblemáticos: Casa Lac y El Gastrónomo. Lástima que han desaparecido las cigarreras que vendían cigarrillos sueltos y daban un toque de la España del racionamiento más añejo aún, o los limpiabotas del que sigue quedando un bareto en un antiguo salón de limpia.

El declive y casi desaparición de la mayoría de tabernas y tascas que se multiplicaban abigarrados y codo con codo, fué debido sobre todo a la remodelación y restauración de los viejos edificios que les daban cobijo. Las innumerables obras de derribo y las molestias que originaban impidieron a sus antiguos mesoneros trabajar con la suficiente garantía de servicio y la gente poquito a poco desapareció de allí como por ensalmo.

Desde hace apenas cuatro o cinco años esta zona ha ido recuperando paulatinamente su esplendor y han surgido nuevos bares y tascas con un nuevo empuje y con un gusto más actual. Las tapas españolas han experimentado una progresión espectacular de la mano de nuestra más que reconocida cocina tradicional y han sabido incorporar nuevos elementos y texturas para construir unas tapas dignas de cualquier mesa por su elaboración y exquisitez. Aunque ello no ha hecho desaparecer las tradicionales raciones, siempre pedidas y siempre sabrosas. Papas bravas, calamares romana, migas de pastor, morcilla, longaniza, caracoles o madejas. Todas riquísimas y todas igualmente supervivientes en nuestro gusto por la buena comida.

El mismo Carlos Herrera, al que se le conoce por su afición al buen llantar entre otras cualidades profesionales y humanas, hizo un merecido elogio de las Patatas Bravas del Texas. El Texas está regentado por un matrimonio encantador que han permanecido al “pié del cañón” durante décadas, ahora ya a punto de la jubilación siguen atendiendo con un gran cariño a los que pasamos por allí de vez en cuando. Si dejas “propina” hacen sonar un “cencerro” que hace las delicias de los niños. El aspecto que mantiene es el de siempre y ello hace que la competencia del resto en cuanto a decoración e innovaciones sea fuerte, pero lo que ellos ofrecen es calidad y tradición en todo, así que no os dejeis engañar por el aspecto exterior y entrad a probar lo que os ofrezcan con garantía de calidad.

La foto que ilustra la portada es de Casa Almau, antigua bodega de vino donde se podía comprar un “cuartillo” de vino de cuba o un vermú casero de categoría, con tu propia botella para rellenar. Poco a poco fué haciendose más tasca y menos bodega y, aunque seguían despachando bebidas “a granel”, podías también tomarte un buen taco de queso como cortado a “escoplo” por su tamaño, o un buen pedazo de chorizo o longaniza mientras te tomabas un “chato” de vino. Con los años han evolucionado ampliando la oferta de comestibles y ahora tienes muchísimo donde elegir. Merece la pena entrar a conocer las estanterías repletas de botellas antiguas y detalles variados de su propia historia.

Su ubicación ha hecho del tubo lugar de paso de todos los viajeros que han pasado por Zaragoza a lo largo de la vida. Justo al lado de la Plaza de España y camino del Pilar, serpenteas por las callejas estrechas de la Zaragoza romana en un pequeño laberinto más propio de barrio judío que de una ciudad del siglo XXI. Cualquier rincón puede sorprenderte y ver desde la torre Mudéjar de San Gil, al modernísimo edificio de Puerta Cinegia. Aún permanece abierta la antigua tienda de Turrones y Dulces de Sebastián Gil en forma de taberna “La Bodeguilla de Santa Cruz” con los paneles que enmarcaban el escaparate y que el abuelo de mi mujer rellenaba de caramelos y “chupones”.

Ahora ha vuelto a renacer la zona con más fuerza que nunca y bien merece la pena detenerse en cualquiera de los bares de nueva generación que han ido surgiendo por todo el casco histórico.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

6 pensamientos sobre “El tubo de tapas

  1. Recuerdo haber ido con familiares que no eran de Zaragoza al Texas y se han quedado con el recuerdo para toda la vida. De vez en cuando relatan la anécdota del cencerro y todos se ponen a reír 😛

  2. Suco,realmente sorprende que hayan sido capaces de aguantar en unos años que nadie iba ya por allí por culpa de las obras y por falta de oferta, pero siguen dando unas bravas de vicio.
    Lamia espero que le pongas remedio a ello y entres en ellas. Imagino que te gustará observar cada rinconcito del local, lleno de detalles con muchísimo “sabor” tradicional. El resto importa menos, aunque tienen unas croquetas muy buenas. Pero de verdad que los tacos de queso son enormes.

  3. No he tenido oporunidad de acercarme a ninguno de los bares que nombras. Cuando salgo por Zargoza, me muevo por otros lugares.
    Sí que habia oido hablar a mi padre de la zona del tubo, por donde salía a tomar vinos con los amigos, en su época de Universitario, pero no sabía que aún estaba en auge.
    Un saludo

  4. Judith me temo que tu juventud es lo que ha hecho que no conozcas una de las maravillas perdidas y recuperadas de Zaragoza. El tubo antiguo quedó convertido en algo “cutre” que tuvo que morir para renacer como el Ave Fénix, con más fuerza y calidad. En el 2002 abrieron la cueva de los champiñones y arroparon a las bodegas Almau. A partir de ahí comenzó una nueva era del tubo y hoy por hoy es de los mejores sitios de tapeo y chiquiteo de por aquí. Además no es tan caro como otras zonas de tapas más “de autor” donde te clavan casi 3€ por tapita.

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