Enseñar es aprender

 

 

Ando estos días con cuatro pilotos de Libia que están renovando su licencia de vuelo tras siete meses de inactividad aérea. Vienen a intentar recuperar una normalidad en sus vidas que desapareció en cuanto comenzaron los primeros momentos de una revolución que acabó en guerra.

Cuando por primer día te presentas a un nuevo grupo de personas a las que tienes que dar formación, es muy importante establecer inmediatamente vías de comunicación personales y adaptadas a ese grupo en particular. Ahí comienza de verdad algo que muchas veces pasa desapercibido a quienes no han vivido la docencia como algo vocacional y lleno de incertidumbres que luego se han de convertir en transmisión de saberes.

Para mí es esencial mostrarte como en realidad eres, sin distancias, sin barreras y sin prejuicios que cortan algunas posibilidades de comunicación necesarias para que el trabajo salga como es debido. Así que les suelo contar dos pinceladas de mi situación familiar y alguna que otra anécdota vivida a modo de invitación para que cada uno cuente lo que le apetezca sobre sí mismo. En esa fase se crean por sí solas relaciones afectivas de manera espontánea y el vínculo que te permite acceder a la personalidad de cada uno para encontrar las claves que te permitan hacerles llegar hasta lo más profundo de su mente aquello que les tienes que transmitir.

Estas cuatro personas vienen de una guerra que les ha abierto nuevas y grandes ilusiones para el futuro, pero tienen demasiado cerca el pasado reciente, y todavía viven la tragedia que les ha tocado soportar. Así que las emociones íntimas de cada uno surgió a modo de lágrimas en un gran hombre que acaba de perder a un hijo de 21 años. Otro habló de su hermano muerto y de los hijos que ha dejado y, sin embargo, ahí están tratando de volver a la normalidad.

Son cuatro magníficas personas, que piensan en el futuro con la tristeza instalada por siempre en sus vidas, pero luchando por seguir trabajando y reconstruir sus vidas y sus casas, por darles a sus familias aquello mejor de sí mismos a pesar de lo pasado. Vienen con la honestidad propia de quien se pone en tus manos para que les ayudes un poquito a recuperar algo que perdieron por la fuerza y que es tan sólo una tarjeta de cambio para poder desempeñar su trabajo.

El domingo empezamos las sesiones en el simulador, sé que van a ser felices por unos instantes, cuando se den cuenta de que siguen siendo pilotos, de que han tenido un paréntesis muy doloroso en el que habrán perdido un poquito tan solo de soltura y algo de concentración. Pero estoy seguro de que en cuanto despeguen de nuevo con su avión simulado, y recuperen las sensaciones que transmite volar, volverán a tener en sus manos las riendas de su propia vida.

Los pilotos también lloran, pero ahora sólo quiero que además de la licencia recuperen la confianza en sí mismos, y que se vayan orgullosos de haber luchado contra la tristeza que les atenaza y vuelvan a sus trabajos con el valor añadido de haberse superado a base de fuerza de voluntad y muchos sacrificios. Les esperan unas duras sesiones de trabajo, van a sudar la gota y van a estar al borde de sus fuerzas una vez más, es lo que  debo hacer con ellos para que salgan reforzados y renovados después de un largo parón.

Va a ser un magnífico curso con ellos, y me da la impresión de que mis lágrimas tratarán de salir también de mis ojos cuando les vea marchar con los deberes hechos, satisfecho de ellos y emocionado por la fuerza que transmiten y la ilusión en un futuro mejor. Se lo deseo de corazón a ellos y a todos que como ellos tienen que pasar estas pruebas tan duras que te exige la vida.

Esta es la magia que encierra la instrucción o la enseñanza, porque siempre ves y recibes mucho más de lo que das. Gracias por vuestras lecciones queridos alumnos.

 

 

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

2 pensamientos sobre “Enseñar es aprender

  1. Totalmente de acuerdo contigo, yo también he vivido la enseñanza como algo vocacional y aunque nunca he tenido esos fabulosos alumnos que tu tienes, he sabido aprender de los míos hasta tal punto que una de mis máximas y que solía comentarles cuando en ocasiones me decían que aprendían mucho conmigo, era “Yo soy el que más aprende de todos vosotros, ya que alguno me enseña sin saberlo y otros me hacen estudiar cosas que a mi no se me hubieran ocurrido”
    Como anécdota te puedo contar que durante dos tardes completas estuve investigando en mi casa un programa de Excel que yo les había explicado y que a uno de ellos no le funcionaba. El problema era muy simple una confusión de un cero (0) con una o mayúscula (O).

  2. Jubi, estoy segurísimo de que te decían la verdad, porque tu forma de llevar a los demás todo lo que tienes dentro y “fuera” es generosa y desinteresada.
    Una ventaja de dar formación a profesionales es que su motivación es enorme y necesaria. Pero también les somete a más presión ya que luego se enfrentan a la responsabilidad de que se aplique de manera inmediata y muy responsable.
    Necesitan concentrarse en lo práctico, y eliminar de su mente el lastre que llevan acumulado, el plomo que hay en sus alas.
    Y eso intento aplicar fuera del blog, las mismas formas de afrontar los problemas concretos en soluciones eficaces.
    El resto es mucho más sencillo, porque aprender determinadas cosas técnicas es cuestión de tiempo. Pero aprender a vivir cuesta toda la vida. Un abrazO. jeje no me olvidaba de la O ni del 0.

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