Extrañarse

En aviación siempre hay motivos para extrañarse, en todos los sentidos que define el DRAE para extrañar: desterrar, ver y oir con admiración, sentir la novedad, echar de menos, afear, privar del trato, rehuir, negarse a hacer algo.

La aviación ha pasado de ser el modo de transporte más seguro  a ser el medio más reglado, más exigente en cuanto a normas legales, que solamente intentan diluir responsabilidades civiles y/o penales, pero que no velan por la SEGURIDAD efectiva de la navegación aérea.

La realidad actual de la aviación es una consecuencia directa del “maldito parné”, que diría un calé. Se ha perdido casi todo lo que hacía grande esta profesión y se ha diluído más rápidamente que lo que cualquier estómago agradecido tarda en digerir “carros y carretas”.

Hemos asistido a la eliminación progresiva de todo lo que imprimía un caracter propio, una forma de entender la aviación como un todo armónico, en el que cada eslabón que se añadía a la cadena era tan importante como el anterior, y en el que  el resultado final dependía de una ilusión colectiva por pertenecer al gremio.

El último eslabón era el piloto, el que al final arrastraba esa larga cadena como un penitente, expiando culpas propias o ajenas, en una procesión al lado de la Virgen de Loreto. Para algunos el piloto era un diós al que encomendaban su destino, para otros un cretino disfrazado que lucía galones. Pero aquél piloto era siempre una persona apasionada de su trabajo, un perfeccionista al que los halagos no le regalaban ni un instante de satisfacción, y cuyo afán de superación estaba enfocado siempre hacia lo que para él era su obligación moral y su deber profesional.

Por supuesto que había excepciones, había entre ellos personas excepcionales, y también alguno que otro que servía para hacer buena la regla general, siendo precisamente esa excepción. Sin embargo todos habíamos tenido que pasar un larguísimo período de noviciado. Cada cual llegaba a la cabina de una avión, con pasajeros o sin ellos, siguiendo distintos caminos, pero todos ellos plagados de dificultades, y en el que cada recodo te descubría angustiosamente que la senda era empinada y no todos acabarían por finalizar todas las etapas. Al final el premio que se ganaba era el de la RESPONSABILIDAD.

Evidentemente asumir la responsabilidad comporta mucho más que asumir el mando. LA SUELTA como piloto empieza el día que eres capaz de volar solo, y continúa cuando además aprendes con la experiencia lo que significa haberte equivocado. El vuelo es una gran escuela y un continuo baño de humildad para quien se cree que ya lo sabe todo. No he conocido ningún buen profesional que se fuera del avión con plena satisfacción de su propia actuación. Siempre había algo que quería perfeccionar. Pequeños matices, leves sensaciones, incluso una actitud personal en un instante fugaz había que meditarlas. No todo es siempre perfecto en una cabina.

No quiero en este artículo desenredar la maraña de cabos sueltos que han ido dejando a través del Ministerio de Fomento, de la AESA, de Aviación Civil, con todos los decretos que han forzado a modificar principios deontológicos considerados antes inviolables; tampoco voy a hablar hoy del derribo de los controladores aéreos para regalar AENA a los acreedores. No voy a criticar tampoco la externalización de Iberia hacia otras empresas que viven de esa marca y que dicen ofrecer lo mismo pero más barato, sólo digo que lo que dan no es lo mismo. No me voy a meter en la falta de independencia a la que se ven sometidos a diario todos los trabajadores que forman parte de esa larguísima cadena de la que hablaba, porque todo ello lo han contado muchas personas antes que yo y mejor de lo que yo lo haría.

Pero como algún día es posible que lo haga, me gustaría decir que sólo hay una forma de recuperar la credibilidad y la confianza en la aviación, con la FORMACION. Hay que educar, formar, instruir, enseñar, transmitir, exigir y defender la excelencia profesional, haciendo que ese largo proceso vuelva a ser algo destinado sólo a los más capaces, a los que sean capaces de sacrificarse sin reservas y dedicar cada instante de su carrera profesional a la búsqueda de la excelencia. Sólo así seremos capaces de minimizar riesgos, de prevenir en lugar de curar, y que al final de la jornada ese “extraño” personaje que se quita el uniforme antes de dormir, se acueste con la serenidad propia del que sabe que, aún no habiendo conseguido la perfección, ha llegado desnudo de adornos a sentir que “el deber cumplido” también le produce satisfacción. Y eso a muchos es posible que les extrañe…

A lo mejor os apetece escuchar a Enrique Piñeyro, otro ser extraño que tuvo que sacrificar su carrera como piloto por hablar demasiado claro. Y el tiempo acabó dándole desgraciadamente la razón, y que tenía por matrícula Whisky Romeo Zulú (WRZ).

 

 

 

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

3 pensamientos sobre “Extrañarse

  1. Soy de la misma opinion respecto de las autoridades regulatorias. No comparto el tema de la privatizacion. Per se no es buena ni mala, siempre que tenga su sistema de frenos y contrapesos.
    Sms: Safety management system= mirando el numero de safety reports se sabe la validez y calidad de dicho sistema.
    Algo se de ingenieria nuclear se; primero no viene a cuento y segundo estan bastante mal informados.
    No se crean lo que viene en los periodicos. Es falso y ademas adictivo. Recomiendo no ver la tele y tener criterio propio

  2. Alciones lo del criterio propio hay que “currárselo”, y es más cómodo tragarse la información manipulada y pensar que es cierta, que buscar la incongruencia, la mentira y encima convencer al resto de que eso es así.
    Lo privado evidentemente no es malo, cuando surge del esfuerzo del “emprendedor” y busca generar beneficio sin esclavizar al trabajador, y con prácticas de buena conducta moral y empresarial. Lástima que no sea el patrón que siguen las grandes empresas… y las PYMES pagan el pato. 😉

  3. Peor es el nepotismo de la administraciones publicas y de la burocracia, que ademas de inutil, cuesta un huevo.
    La empresa privada queda como mal menor.

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