La gripe que nos cuentan

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(autor foto: David 84)

Andamos todos a vueltas con la gripe A, la del virus H1N1, y estamos ya convencidos de que tenemos que evitar contagiarnos como sea.

Hay detrás de todo ello algo perverso, que pretende aislarnos del resto del mundo, para sobrevivir a una “presunta” enfermedad cuyo índice de mortalidad hasta el momento (siempre que las cifras oficiales sean ciertas) es mínimo. Todos los años fallecen unos cuantos miles de personas como consecuencia de las complicaciones derivadas de una ¿ “simple” gripe ?. Se tiene evaluado el coste económico (en términos de absentismo laboral) que produce una epidemia de gripe. Y hasta ahora las recomendaciones ante este tipo de enfermedades era la de hacer reposo, no tomar antibióticos (ineficaces contra los virus) y seguir un tratamiento sintomático para reducir la fiebre y disminuir las molestias generales, a base de Aspirina o Paracetamol, y aumentar la ingesta de líquidos.

¿Qué tiene pues de diferente el H1N1?. Algo debe de tener que no nos cuentan porque el uso de una marca comercial de reciente patente, el TAMIFLU, se ha puesto de moda. Todas las administraciones andan justificando el acopio de este fármaco,  esperando a que salga la vacuna específica para ser administrada a los grupos de riesgo y a la vez intentando calmar los ánimos para no alarmar indiscriminadamente a la sociedad global.

Lo cierto es que a mí no me encaja nada de tanto disparate y tanta alarma. Primero porque se está haciendo una campaña de prevención desmesurada para lo que se reconoce como una gripe. Segundo porque se aplican criterios diferentes al de otras infecciones víricas. Y por supuesto que nadie garantiza en ningún momento que una vacuna sea eficaz totalmente para impedir ser contagiado.

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando del tema, pasará el otoño y el invierno y los supervivientes del holocausto gripal serán seguramente miles de millones de personas que se sentirán tan ricamente por haberse salvado de esta nueva plaga bíblica que nos están inoculando a través de todos los medios posibles de “propaganda” institucional.

Lo que haya de cierto o de falso en todo esto sólo el tiempo lo dirá, pero la propia vida se regenera a base de nuevos virus haciendo de la evolución de las especies unos seres más resistentes a estas agresiones microscópicas.

Volvamos a leer el Decamerón mientras nos encerramos en una burbuja estéril, atiborrados de tamiflú y bien vacunados contra todo, dejemos de besar y de abrazar a las personas para prevenir su contagio y luchemos contra el enemigo invisible con todas las armas a nuestro alcance. Vivamos solos y alejados del mundo y cuando seamos el último superviviente en la tierra preguntémonos si ha valido la pena quedarse solo para acabar extinguidos como especie.

Tal vez sería mejor momento para iniciar un nuevo concepto de relación, más entregada, más cariñosa y menos egoísta. Besemos, abracemos y sigamos creando vida de manera tradicional, haciendo el amor, aún a riesgo de contagiarnos de algo que todavía nos resistimos a aceptar: La alegría de vivir. Vivir con y para los demás, vivir plenamente, aceptar a los demás con todo lo que lleven encima, incluso el virus de la gripe, porque de lo contrario acabaremos vivos pero solos, escribiendo de nuevo el Decamerón y tristes como sólo el que se ha sentido realmente solo sabe lo que es la TRISTEZA.

¿A ver si va a tener algo de cierto lo que nos dice el siguiente video?.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

Un pensamiento sobre “La gripe que nos cuentan

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