Límite de velocidad

Perdonad que me dirija a todos incluyéndome en la lista: “¿estamos tontos o qué?”. Digo esto por la nueva limitación de velocidad en nuestras carreteras -110 km/h- que es una velocidad relativamente baja.

Ciertamente el consumo de combustible se reduce de manera notable dependiendo del régimen del motor. Cada planta de potencia que utiliza combustible tiene un rendimiento óptimo a unas determinadas R.P.M. (vueltas), lo cual se traduce en que con el mínimo consumo se avance el máximo de distancia, en un tiempo determinado.

En el caso de las turbinas de aviación, cada motor se ajusta -en función de la fase del vuelo- a ese rendimiento óptimo, haciendo que el ajuste de la potencia, de las RPM, etc. se haga de tal manera que se considere cómo y cuando merece la pena aumentar o disminuir la velocidad para que al final el vuelo sea razonablemente económico.

Como conductor callejero, utilizo esos criterios de forma inconsciente, tanto en coche como en moto. Acelero progresivamente y cambio la marcha a un desarrollo mayor en cuanto las revoluciones comienzan a subir, yendo en quinta marcha alrededor de 50 km/h. Reduzco con mucha anticipación haciendo que el motor actúe de freno sin pisar el pedal más que en los últimos instantes, y siempre de manera muy suave de tal manera que los ocupantes no sientan que la cabeza se les desplace hacia delante. Y de verdad que el consumo es muy pequeño, y el cambio de las pastillas de freno se alarga en el tiempo, las averías del motor sólo son las propias del envejecimiento y digamos que me ahorro un dineral en mantenimiento.

Ahora bien, quienes tienen un coche de los de “gama alta”, con un motor cuyas prestaciones máximas se alcanzan muy por encima de esa “velocidad de crucero”, ahora se lo pueden meter en… ¡el garaje!. ¡Toma caballos en la cuadra!. Somos un país absurdo tomando medidas políticas.

Por un lado se quejan de la caída de ventas de coches, incentivan la compra de ellos a través de distintos planes PREVER, impulsan decretos de devolución del stock de los concesionarios, y finalmente acabamos yendo a paso de tortuga con nuestros flamantes “haigas”. En Zaragoza concretamente se ha limitado ya la velocidad urbana a 30 km/h en determinadas vías de un solo carril (somos pioneros). Anuncian que el tranvía va a desarrollar la vertiginosa media de aprox. 18 km/h, mientras que el tráfico rodado en muchos momentos no consigue superar los 9 km/h de media. Se está cambiando el sistema de máquinas de estacionamiento limitado (zona azul o naranja), recomiendan hacer largos trayectos para evitar los atascos monumentales producidos por las obras, y así sucesivamente.

Llevo unos días pensando en pegarle fuego a mis tradicionales medios de locomoción. Pero al precio que han puesto la gasolina no me atrevo ni a echar unas gotas del preciado líquido sobre la carrocería, no sea cosa que no prenda del todo y acabe finalmente chamuscado y sin conseguir el efecto deseado.

Me estoy haciendo ya un “macuto” de macramé, me voy a dejar crecer el pelo hasta que pueda atarlo con una coleta, voy a darme un aire más hippy para no desentonar con la imagen que se tenía de los ciclistas urbanos, y voy a engrasar la bicicleta para ver si de verdad el carril bici une las zonas de mi ciudad sin gastar ni un céntimo más en combustible. Con un bocata de Jabugo creo que tendré fuelle suficiente para hacer los veinte o treinta kilómetros de rigor, que me toca hacer a diario. Y al petróleo que nos vende Gadafi que se lo meta en “crudo” a sus bombarderos.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

6 pensamientos sobre “Límite de velocidad

  1. Tengo un coche que en lugar de gasolina consume gas-oil, hace un par de semanas lo tuve que llevar al taller ya que en ocasiones no aceleraba, echaba humo negro por el escape. Yo seguía todas las recomendaciones para el ahorro de combustible… el taller fue honesto y me limpió una válvula que costaba mas de 300 euros y me recomendó que de vez en cuando en ciudad y en punto muerto acelerara de manera brusca, que en carretera hiciera lo mismo para evitar que se volviera a obstruir la no se como se llama la valvulita, y puesto que tengo embrague automático lo pasara a manual y acelerara.
    Así que el ahorro que yo pretendía, me lo gasto en talleres.
    Tengo una bici en el trastero, pero me temo que no llegaría a Broto y por ciudad me da miedo.

  2. Jubi, el gas-oil tiene ese problemilla… Además de que en ciudad deja mucho resto de carbonilla en los cilindros, porque se anda a desarrollos menores de lo que debería. A mi “diesel” le ocurre igual, y al cabo de un tiempo (bastante largo) falla esa válvula (caudalímetro) que influye también en la inyección. La solución que me dieron fué hacer una “limpieza” interna del motor. Pero tranquilo le meten un compuesto que suelta esa carbonilla y luego anda de maravilla. Eso sí han equiparado el precio del fuel con la gasolina, y el único ahorro es en que -en carretera- consumen menos carburante los diesel. 🙁

  3. Hace tiempo que no te escribo Carlos. Al menos en Madrid también tienen calles en donde no se puede ir a más de 30 km/h. Personalmente no creo que se ahorre mucho bajando esos 10 km/h, qui´zas menos accidentes y muertos/heridos.
    Hay que ir al transporte públioc, bico o andando. Es cierto que a los coches les queda mucha vida, pero hay que ir cambiando de mentalidad. Sabes que soy partidario de zonas en donde los cohes no aparezcan 8excepto para residentes y carga/descarga). ¡La gentes es más feliz y está menos estresada!. Un saludo

  4. Angel, es cierto que hay más ciudades en las que la limitación es la misma. Tú y mucha más gente conocemos sitios donde el centro histórico, comercial y administrativo es totalmente peatonal… en donde sólo circulan bicicletas o el tranvía.
    Pero la mentalidad la tenemos que cambiar conforme se generan alternativas adecuadas. Nuestra querida Zaragoza se ha quedado sin acceso directo del Sur hacia el centro, alargando el tiempo de circulación por la única vía que lo permitía, La Gran Vía. Cuando realmente funcione el tranvía bajará la densidad de coches en ese trayecto, pero seguiremos dando rodeos para no apearnos del coche. (no en mi caso).
    Nos hemos hecho europeos a “machamartillo”, cogiendo de aquí y de allá ideas que funcionan en otros países, pero “adaptándolas” a una idiosincrasia muy “tipycal spanish”.
    Cuando estemos convencidos de la bondad del uso del transporte público, estaremos en el buen camino, mientras tanto intentamos compaginar lo incompatible, y así nos va. Un abrazo andarín… jeje 😉

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