Mi Pinacoteca

A la gente humilde no nos ha quedado otra que buscarnos las habichuelas de cualquier manera lícita que se nos haya podido ocurrir. Si encima nos gustan las cosas de ricos no os digo ya lo que hay que currar. Pero siempre hay alternativas para todo.

A parte del gusto por el arte, que al precio que está un Barceló es sólo accesible para las administraciones públicas y unos cuantos más como la Baronesa Thyssen, o las hermanas Koplowitz, al resto sólo se nos permite poder visitarlas en los museos. Y ni aún así solemos disfrutar del placer que produce contemplar una obra de arte.

Desde que viví en Mallorca, que cuenta con una gran cantidad de galerías de arte, y en donde muchos artistas han desarrollado su creatividad a lo largo de los tiempos, tuve más tiempo para ver exposiciones e introducirme en la propia técnica pictórica de la mano de Damián Ramis.

Mi objetivo inicial era muy sencillo: aprender algo para entender mejor el arte y a ser posible hacer algún cuadrito que quedara “mono” en casa, ya que me resistía a poner láminas o posters, y para comprar cuadros “de verdad” ya no tenía dinero. Eso sí tenía muchas paredes desnudas, pero tampoco me iba el “rollo” graffitero.

Comencé poquito a poco a “manchar” lienzos, a mezclar los óleos, a diluir, a hacer “veladuras” y a dar brochazos sin ton ni son. Muchos días, después de dos o tres horas pintando (poniendo pintura) sobre la mancha inicial, acababa quitando todo lo hecho con una espátula y “lavando” el lienzo con aguarrás para que no quedara ni rastro del bodrio que había parido. Así que con más pena que gloria veía lo que los grandes maestros habían hecho y que yo intentaba imitar con todo mi empeño para acabar convencido de que era imposible aproximarme remotamente a quello que tanto me gustaba.

Ni qué decir tiene que se producen grandes frustraciones cuando te empeñas en algo para lo que inicialmente no estás preparado. Pero… a veces con un poco de tesón y con mucho cariño en el empeño conseguía hacer una cosita medio decente y que era digna de un principiante al que le seguía apasionando la pintura.

Siempre me ha dado un poco de pudor mostrar mis cuadros a gente que no es de mi círculo más íntimo, ya que, aunque los tengo colgados de la pared, apenas se les tiene en consideración por ser burdas copias de unas verdaderas joyas en manos de sus autores. Además parece que nunca valoramos lo que hacen nuestros amigos o familiares tanto como cuando se trata de obras de un extraño.

Ahora que todos sois ya miembros de mi círculo más intimo, ya que os he contado tanto sobre mí que sería absurdo ocultaros una parte más de mi personalidad, os quiero hacer partícipes de lo que hice cuando pintaba como un colegial. Sólo puedo deciros que me costó mucho esfuerzo y por eso les tengo mucho cariño. Ahora que el que quiera ver cuadros de verdad tiene que ir a un museo.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

2 pensamientos sobre “Mi Pinacoteca

  1. Lamia, no me extraña que te guste, yo la titulé cala neblinosa, porque quedó como en tinieblas y produce un extraño efecto como de misterio…
    Pero lo más dificil me resultó dar la sensación de que la barca realmente flota sobre el agua.
    Todavía os guardo más de una “faceta” que iré descubriendo poco a poco, como la danza de los velos…

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