Nieve de verdad

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Parece que ya ha llegado la nieve, la de verdad. Una vez más lo que tanto ansiamos los aficionados al skí, los habitantes de los valles pirenaicos, cuya forma de vida depende de las estaciones, los regantes que ven cómo la nieve garantizará algo de agua durante el estío y cualquiera a quien le guste ver un paisaje nevado. Pero, una vez más, nos ha cogido a todos “a traición”.

Los avisos de los meteorólogos dando previsión de fuertes nevadas, las alertas de la DGT haciendo recomendaciones a los conductores, el sentido común, la formación ciudadana muy deficitaria en cuanto a la forma de prevenir y combatir una nevada, ha hecho que miles de personas se hayan quedado materialmente atrapadas en Cerler (Benasque).

Somos un país mediterráneo, acostumbrado al buen tiempo y con unos 4000 km. de costa. Estamos más acostumbrados a combatir el calor (botijo, cañitas, etc.) que a movernos en la nieve. Salvo zonas concretas de las montañas, donde sus habitantes han tenido que vivir aislados durante meses, el resto de ciudadanos vamos al monte como el que va de rebajas. No es raro ver algún tacón que otro a pie de pistas. Tampoco es extraño ver el brillo metálico de las cadenas, inmaculadas y sin estrenar, todavía en la funda protectora, cuando el conductor “previsor” se da cuenta de que nunca había intentado siquiera probar cómo se utilizaban. Los depósitos de combustible suelen ir “ajustados” para llegar de vuelta a casa (al precio que está el combustible cualquiera lo llena).

Nuestra actitud, en muchas ocasiones, dista mucho de ser la más adecuada a las circunstancias meteorológicas. Pero de ahí a culpar únicamente a los conductores de todo el caos media un gran abismo.

Los medios y dotaciones de  Protección Civil   han demostrado siempre que resultan ineficaces cuando se produce una situación de este tipo. Las máquinas quitanieves no llegan o están en otra parte, la sal almacenada estratégicamente se encuentra, como poco, a unos cuantos km. de distancia de donde se necesita urgentemente, las carreteras de acceso a las estaciones no tienen espacio para “orillarse” y no entorpecer a los que pueden circular, etc., etc.

Cualquier montañero experimentado y con suficiente conocimiento de la variabilidad meteorológica en zonas de montaña, recomendaría siempre lo mismo: En cuanto se vean los primeros indicios de nevada hay que buscar refugio o volver a zona segura, sin dudarlo un instante. Pero las actividades multitudinarias hacen que el comportamiento de la masa sea siempre homogéneo. Los grandes grupos de personas actúan como un único ser, sin conciencia y sin conocimiento. Vamos todos a una, aun cuando vayamos hacia nuestra propia ruina.

Por ello es tan dificil concienciar a todos de la importancia de una adecuada planificación de nuestros viajes de esparcimiento. Así que luego sólo nos queda echar la culpa de todo a los demás.

Todos somos un poco responsables de todo y el determinar quién es el culpable de una situación así no ayuda a paliar el daño que se produce en estas situaciones adversas.

Os dejo este video donde se ve como poner una cadena muy fácil de utilizar.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

4 pensamientos sobre “Nieve de verdad

  1. Pingback: Llegó la nieve | Zaragózame!

  2. Carlos, estoy de acuerdo contigo. Lo de la nieve, visto desde casa, es muy bonito. Otra historia bien distinta es vivirla de cerca y en directo. Si no, a las pruebas me remito. Tres esquiadores, supuestamente experimentados, han fallecido hoy sepultados por un alud de nieve en Formigal.
    Lo dicho: mejor en casa.

  3. No soy aficionado al ski y a la montaña voy en cualquier otra época que no sea el invierno, por ello no tengo cadenas del coche ni he puesto ninguna. Como nunca se sabe, ya sé donde acudir para aprender a colocarlas.

    Por cierto, en lo primero que me he fijado cuando he visto la foto del principio es en la nieve, se nota que es de verdad.

    un abrazo

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