Soy de Aragón

 

 

Sí yo también soy de Aragón, y siempre he ejercido de aragonés por donde me ha tocado ir pasando. Mostrarse con el orgullo de ser hijo de una tierra, y honrar la herencia recibida, nada tiene que ver con  despreciar al resto del mundo.

Estamos viviendo una etapa de independentismo renovado, de enaltecimiento de las diferencias antes que de lo que nos identifica como iguales (o semejantes), y como en L’estaca de Lluis LLach, cada uno tira para un lado.

Entiendo perfectamente a quienes aman su tierra, a los que quieren mantener vivas sus tradiciones, su lengua, y su identidad propia, pero lo que no me atrevo a explicar es el porqué de ese afán secesionista, excluyente del resto, y ajeno al sentir de muchos otros ciudadanos que comparten territorio y que en modo alguno quieren constituirse como nuevo país.

España es un Estado cuya historia se remonta mucho más allá de la época en que vivimos y cuya integración ha costado siglos de luchas y de pactos. No empieza exactamente con la unión de los reinos de Castilla y Aragón, con la Reconquista de las Taifas musulmanas, ni siquiera con la expansión del reino de Aragón por todo el Mediterráneo hasta Neopatria, sino que tenemos que revisar la historia remota, Iberos, celtas, suevos, bereberes, alanos, vándalos… y las luchas tribales hasta asentarse en un territorio determinado y concreto.

Zaragoza, Huesca y Teruel son el actual Aragón, más o menos pobre, más o menos rico, según se le compare con unos u otros. Pero si yo me remonto al origen de mi ciudad, tendría que declararme “sedetano” y autodenominarme “salduiano”, de la Salduie ibérica. Sinceramente no me veo tan primitivo así que, como pretendo identificarme con algo más civilizado, me animo a ser “cesaraugustano”. Claro que tampoco me veo sometido al yugo de las legiones romanas que fundaron como colonia inmune su “Caesar Augusta”. Y sigo, con la búsqueda de mi identidad hasta llegar a verme como “saraqustano”, miembro de la Taifa musulmana de Saraqusta, pero tampoco me veo postrado hacia el este a rezar, así que me llego a la primera referencia histórica de un rey aragonés, casualmente como yo llamado Sancho, pero éste con el Ramírez, que ofreció vasallaje al Papa, nada más y nada menos. Y como tampoco me encuentro cómodo dando mandobles a los moros, ni entrando en el Monasterio de San Juan de la Peña a velar los restos de nuestros monarcas, continúo inasequible al desaliento. Me aproximo poco a poco a la Edad Moderna y me encuentro con que Fernando se casa con su prima Isabel, y se montan la historia de los Reyes Católicos, uniendo los reinos de Aragón y Castilla, parece que vamos mejorando algo y conseguimos descubrir América y con el oro y alguna que otra cosilla de las indias nos aupamos al primer puesto del mundo occidental, teniendo un Imperio que otros se encargarían de ir dilapidando. En fin, que tampoco me veo de adelantado en las indias y vuelvo en carabela a casa.

Acabo de llegar y no sé en qué época quedarme porque de la rethíla de reyes que por aquí han sido, encuentro de todo, como en botica, y los unos o los otros han tenido algo de luz y mucho de sombra: Trastámara, Habsburgo, Borbón, Bonaparte, Saboya… y entremedias alguna invasión francesa, de la que mis antepasados dieron cuenta con su sangre en los Sitios de Zaragoza. (Hago mención aparte de Manuela Sancho con la que comparto genes  de familia a mucha honra). Me salto a propósito la parte anterior a la democracia, y me encuentro de nuevo en la actualidad, sin saber a qué palo quedarme.

Así que puestos a decir de dónde soy y de donde me siento resumiré diciendo que ¡SOY DE ARAGON!, y creo que con eso queda dicho todo, o sea que soy ESPAÑOL.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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