Por un momento he pensado que era el día de Nochebuena y que estaba entrando Papá Nöel por la chimenea. Pero luego he visto que no había trineos ni renos ni bolsas con regalos.
Así que me he limitado a mirar qué hacían dos personas vestidos de rojo junto a una chimenea sobre un tejado. Tampoco eran los amigos de Mary Poppins cantando el Chim Chimeny.
éstos de la foto tan sólo eran dos operarios trabajando en altura para sujetar la parte superior de la chimenea. En la zona pirenaica las chimeneas se rematan con los “espantabrujas“, pero aquí en la ciudad suelen ser piezas metálicas atornilladas. En algunos casos colocan “monjas“, que tampoco está mal para ahuyentar a los malos espíritus. Pero, manteniendo la ilusión infantil, prefiero imaginar que lo que hacían era precisamente soltar la pieza que cierra la chimenea para facilitarle la labor a Papá Nöel o Santa Clauss cuando lleguen el mes que viene.
Por lo menos estos hombres cumplían con las normas de seguridad e iban ¿perfectamente? sujetos con un arnés y cuerdas de sujección para evitar una desgracia ante una caída.
En Orós Bajo da comienzo el barranco d’Os Lucas del que ya os he hablado anteriormente. También la wiki da una breve reseña del lugar, pero a pesar de lo pequeñito que es, está tan bien ubicado que las vistas del valle de Tena y de la Sierra son magníficas.
Está en medio de la naturaleza plena y cuenta con una ermita del Serrablo, La Iglesia de Santa Eulalia, que tiene la peculiaridad de que el cementerio es el que da paso a la propia entrada de la misma. No hay nada que lo independice de ella y has de pasar entre las sepulturas para acceder al interior.
La Iglesia pertenece a una serie de catorce templos conocidos como de arte Mozárabe en el Serrablo y tiene las características propias de todas ellas.
A parte de la tranquilidad de espíritu que te invade por sus rincones, con un poco de enfoque en la cámara siempre te ofrece unas sugerentes e idílicas fotografías de la España rural y un remanso de vida a la antigua donde el heno se guarda todavía para el duro invierno que siempre llega a las montañas. Los gallos de corral impresionan por su majestuosa corona (no ya cresta) y las flores cuidadas con mimo alegran los patios de las ya remozadas casas del lugar. Las chimeneas típicas de la zona cuentan también cómo es de duro el frío contra el que luchar y muestran orgullosas sus espantabrujas coronando su cimera.
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