Ayer volvimos a la carga otro grupo de jóvenes cincuentones, que tomamos la calle (bueno lo justo para entrar a cenar) con motivo del aniversario de bodas de Ramón Y Rosa.
Estamos volviendo a la noche después de unos años dedicados a la cría de unos especímenes maravillosos de personas que han sido nuestros hijos. Ahora lógicamente esos hijos pasan de los “carrozas” y estas carrozas, engalanadas y con sus oropeles más brillantes, han vuelto a la circulación rodada con más ganas de marcha que nunca.
Ayer la excusa fué el 21º Aniversario de bodas de mi hermano y su mujer (mi cuñada), así que ya les deseamos felicidad y les dimos la enhorabuena por el logro de una dilatada trayectoria juntos y brindamos con un buen Brut Nature. ¡CHIN. CHIN!. La tertulia se alargó hasta bien entrada la madrugada y fuimos recorriendo los tiempos en que los amigos comunes, los hermanos de los novios y todos los que mantenemos su cariño y amistad durante tantos años, nos dimos cuenta de lo afortunados que somos de tener una familia tan maravillosa y unos amigos tan “especiales”.
Esto tan simple a primera vista ha sido un proceso de aprendizaje que nos ha llevado a lo largo de nuestras vidas a aprender de los demás todo lo bueno que tienen las personas. Cada uno de los que estuvimos allí tuvimos diversos momentos de alegría y de reencuentro, de complicidad y de cariño. pero sobre todo de felicidad. Así que gracias a los dos por habernos reunido y una vez más felicidades, hermanos.



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