Ago 05

Cuando pasas un fin de semana en el Pirineo, el tiempo se alarga de tal manera que siempre acabas acordándote de todo menos del reloj. Se acaban las prisas, el ajetreo y la paz del espíritu te envuelve de tal modo que la luz que reverbera en los arroyos produce un efecto hipnótico sobre tu mente a la que le devuelve la tranquilidad perdida.
En apenas dos días te da tiempo a todo y lo mejor que puedes hacer, cuando hace buen tiempo, es dedicarte al excursionismo por las veredas y senderos o bien por cualquier rincón de sus pueblos, donde descubres siempre un detalle, una roca o un geranio, dignos de una foto fantástica. (Algunas de las mías).



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