
Por fin Zaragoza ha abierto su mirada hacia el Ebro. Siempre se había interpretado el río como una frontera o barrera que separaba ambas orillas y que hacía más difícil el desarrollo de la ciudad hacia el Norte. Sin embargo, y a pesar de dicha conciencia, se desarrolló el barrio del ACTUR para acompañar a los tradicionales barrios del Arrabal, del Picarral y las Balsas de Ebro Viejo.
Ahora, con motivo de la Expo, se ha revitalizado el aprovechamiento de las riberas como zonas de expansión y parques para los peatones. La verdad es que el resultado está siendo un río al cual ya miramos de otra manera, y podemos disfrutarlo a placer, ¡hasta cuando llegan las riadas!.
Os dejo unas fotos de mi primera “incursión” en el parque y vereis el homenaje que se les ha tributado a las ranas. Si a alguno le apetece besarlas adelante, aunque no creo que se conviertan en princesas, resultan muy divertidas y constituyen una invasión pacífica de estos anfibios de fundición.
Ni qué decir tiene que la Pasarela del Voluntariado (diseñada por Manterola) luce muy bien desde este enclave. (Justo se inauguró dos días después de tomar estas fotografías). Dicen las malas lenguas que después de la Expo se llevan la pasarela, pero no se puede dar crédito a las leyendas urbanas…¿verdad?.

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