Después de haber hecho una pequeña “crítica” a la invasión del plástico en la playa, también debo decir, en honor a la verdad, que no sólo encuentras tecnología aplicada cuando paseas por la playa. A veces encuentras la vida que se “abre paso” entre el cemento y la polución.
El paseo marítimo de Salou es un entorno de contrastes en espera de que tu ojo “inquisidor” descubra todo lo bueno y todo lo malo que te rodea. Está pensado para que no pienses y te relajes. Para que disfrutes de las palmeras que lo pueblan escuchando el susurro de las fuentes sentado a la sombra.
Siempre hay un rincón donde el césped se apodera del suelo y deja crecer entre sus filamentos una flor cuyo color te invita a fijar tu atención en ella. Un olivo sabiamente podado te ofrece “en bandeja” sus frutos que darán su esencia para que aliñes tu ensalada o te acompañen en el vermú. Y un cactus espinoso te dará idea de que la vida, aunque pinche, siempre es maravillosa.
El verde y el azul se funden en el paseo dando calor y color a tu caminar playero. Toda esta vida la puedes ver en las fotografías que hice.



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