Tontos que hacen tontear

Así me explicaba mi padre cómo había que evitar relacionarse con personas que sólo podían traerte problemas sin aportar a cambio más que una aparente falta de recursos mentales.

Mi padre era un sabio de la calle, un hombre curtido y formado a base de sacrificios, de renuncias y de bondad. Era un «bicho raro» porque no se dejaba influir por las circunstancias externas y seguía su camino procurando no molestar a nadie.

Era de otra época, pero ya vaticinaba la que se veía venir. En fin que si de niño no comprendía muy bien sus enseñanzas, con los años he llegado a conocer en profundidad lo que son los tontos que te hacen tontear.

Son unos seres que van por ahí vestidos de ignorancia, de fieles cumplidores del deber, de una aparente cordialidad con sus semejantes y una sumisión total a los que sirven como lacayos o escuderos. Unos auténticos parias mentales, que sin embargo van usurpando puestos de poca relevancia que poco a poco influyen definitivamente en las vidas ajenas, porque su propia incapacidad les hace estar donde no deberían y generan más problemas de los que aparentemente resuelven.

Son tontos útiles, imprescindibles en cualquier organización que se precie, porque actúan como perros de presa que no sueltan la pieza una vez que les han dado esa sensación de poder con la que se crecen, acabando cogiéndole gusto a la sangre humana y convertidos en auténticos vampiros o licántropos que se hacen presentes cuando la organización se tiñe de sombras y se sumerge en la oscuridad de la ignorancia.

Estamos rodeados de mediocres, de incapaces y de torpes. Estamos en manos de esbirros sin criterio que se dedican  a guardar la viña del amo, sin mirar al cielo a ver si llega el pedrisco. Y por muy tontos que sean no dejan de escalar peldaños a costa de dar dentelladas a su alrededor.

No hablo de política -creo- ni de «coincidentes laborales» (antes compañeros de trabajo), sino de sociedad. Estamos encumbrando a los mediocres en detrimento de los más aptos. Hacemos de lo vulgar un modelo a seguir, y de la moda un uniforme igualitario. Dejamos de lado lo necesario en función de lo deseado y potenciamos la ambición en lugar del saber hacer.

Cualquiera de vosotros ha tenido un compañero trepa, un jefe imbécil o un director cuyo Cociente Intelectual. daba lo justo para firmar una circular interna, y sin embargo estamos a su merced a diario, en cualquier situación que vivimos.

Y todo esto porque me he acordado de Groucho Marx, que dijo:

«Partiendo de la nada alcancé las más altas cimas de la miseria.»

Lo malo es que Groucho Marx hablaba siempre ¿en broma?, y mi padre lo decía en serio…

Acerca de Carlos

Expiloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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