Uff, ¡Qué calor!

 

 

La verdad es que hace calor a la vista de las noticias que dan, y cómo evitar el “golpe de calor” o síncope, al que nos exponemos si no tenemos conciencia de que nuestro organismo se protege hasta un determinado punto…

Me voy a remontar a otra temporada igual, en Julio de 1982, que también se alcanzaron estas máximas temperaturas, y que coincidieron con el comienzo del Mundial de Fútbol en España. Claro que las condiciones en las que tuvimos que afrontarla unos cuantos miles de “soldaditos españoles” no nos permitieron andarnos con prevenciones.

Partimos de Salamanca en el convoy ferroviario cargado de vehículos y con nuestra “impedimenta” de acampada al hombro, en unas mochilas despedazadas  y con la mugre que ya no cabía ni en los compartimentos destinados a llevar nuestros accesorios de aseo.

Un transporte de mercancías por ferrocarril suele ceder el paso en todas las intersecciones y cambios de agujas habidos y por haber, así que el trayecto de Salamanca a Zaragoza duró aproximadamente 24 horas, en las que las cantimploras duraron !ná y menos! que diría un andaluz con gracia. Así que en cada parada forzosa tratábamos de que nos dejaran abandonar el vagón, donde hacinados ibamos maldiciendo a todo bicho viviente.  No recuerdo exactamente el momento en que se dió orden de no bajar del tren a ningún soldado, porque nunca se sabía a ciencia cierta cuánto tiempo iba a estar parado el tren.

Sólo recuerdo que la llegada a la estación del Norte en Zaragoza fué de mañana, temprano, y que mi madre había ido a vernos llegar y consiguió darme unos abrazos y besos gracias a la merced de un teniente. Y que también se le cayó a la pobre el alma a los pies al ver en el estado en que llegábamos tras un periplo que era preludio de mayores fatigas aún.

Llevábamos por lo menos ocho horas sin agua, sin haber podido dar más que unas breves cabezadas, entre el tufo a pies sudados, el sobaquillo a lo Camacho, y una mala ostia que nos ponía aún más adrenalina en el cuerpo y que nos elevaba la temperatura interior por encima de los alrededor de 40º que debía haber de buena mañana…

El desembarco fue bastante ágil, sueltas las eslingas, los vehículos repletos de deportados soldados, formaron una larga caravana que puso rumbo al campo de maniobras de San Gregorio, un oasis desértico en pleno corazón del infierno. Y una vez asignada la zona, a montar el campamento de nuestra compañía de Transmisiones. Primero el club social (o sea el bar de los mandos), buena tienda, unas mesitas con sillas, frigoríficos de campaña a butano y la tele… Esa tarde jugaba España y había que estar preparados para la paz. (Si vis pacem, para bellum).

Una vez acomodados ellos, montamos las canadienses sin suelo, echamos dentro los macutos llenos ya de polvo calizo, y espantamos unos cuantos bichejos inmundos a los que habíamos usurpado su tierra. Nada importante, unos cuantos “alacranes” (escorpiones), algún ciempiés que andaba cojuelo, arañas de mayor o menor porte, y cientos de saltamontes que huían despavoridos de aquellos invasores con el CETME a cuestas (nosotros decíamos escopetas para jorobar)…

Así transcurrió la mañana, la mayor parte del mediodía, y cuando comenzaba ya la tarde habríamos podido estar al sol unas ocho horas, descargando material, montando tiendas, estableciendo contacto radio… ¿y el agua?. ¡No hubo agua, hasta allá a las 16:00 horas! que llegó la primera cisterna con unos miles de litros de los que creo me bebería siete del primer trago…

Eso era el servicio militar, o parecido, porque por la tarde, con el primer partido de la selección, todos empezaron a gritar ¡Viva España!, y yo también, aunque no me gustase el fútbol… ¡NI LA PUTA MILI!.

P.S. Con cariño para aquellos compañeros del Batallón Mixto de Ingenieros, destacado en la Brigada de Caballería Jarama, que compartimos aquella SED y aquellos polvos en las Maniobras Generales de la susodicha… Caballero español, centauro legendario, como canta el himno de caballería.

 

 

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

4 pensamientos sobre “Uff, ¡Qué calor!

  1. Bueno, Carlos, En el 82 serias todo un bisabuelo (en la mili). Mi julio del 82 fue el del viaje de mi vida. 23 añitos y ¡A las Américas! Partí hacia Quito a un congreso de cooperativistas andinos (un motivo de recordar el viaje es que 2012 es el año internacional del cooperativismo y del des a rollo sostenible). Mi súper gran viaje. Mi compañero de asiento en el viaje de ida era un catalán la mar de majo (los catalanes tienen costumbre de serlo) muy viajero. Me oriento muchísimo. Tome buena nota de no volver a coger el asiento junto a la puerta (te pelas de frío) en un vuelo de larga duración (pese a que tenia mas espacio para las piernas). El billete IATA te permitía hacer escalas de camino al destino. Así que alargue el regreso unos cuarenta días (pare en Cali, y en Bogota -habría seguido pasando unos días en Maracaibo y otros en Tenerife pero la novia pidió socorro internacional: no había dado señales de vida desde que había partido). … Pero este es tu blog, compañero. Saludos cordiales a todos (desde Marbella en esta ocasión) hayan hecho la mili o no.

  2. Jubi, gracias por aprovechar tu escaso tiempo de wifi leyendo mis cosas… jeje
    no pude ni contestar porque ando con el mismo problema en Madrid, aunque tengo wifi va como va… a veces.
    Un abrazo y fresquito verano en Broto

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