Un caso de miedo a volar.

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(Foto flickr)

Os presento íntegro el relato que hace Isabel de su propio miedo a volar. Ella lo define como un Caso Difícil. Pero seguiremos intentando que pierda/perdais el miedo todos aquellos que lo sufrís. 

“No me gusta viajar en avión, me da miedo (ya lo dejé caer en alguna ocasión).  Por lo que no suelo hacerlo, mas que nada porque no suelo viajar demasiado, salvo que ir al Pirineo sea viajar.  Y además lo hago en coche.
 
Carlos nos contaba el otro día
un caso extremo de miedo a volar, a colación del tema de Melendi. 
 
Sé que es lo mas seguro, sí, es el medio con menor número de accidentes estadísticamente.  Sí, pero hay mas probabilidades de sobrevivir a un accidente de bus o coche que en el caso de los aviones, no?
Sé que es lo más rápido, pero no me importa darle un tiempo a mi viaje si me evito el mal rato.
 
Os contaré mi peor experiencia en un avión. 
 
Hace años, por trabajo, viajé a Barcelona en avión (más rápido, esta vez vale, la próxima en bus, pensé).  Volaba en un Fokker.  Viaje en el día, Zaragoza 7 de la mañana y  a las 9 en Barcelona.  Ok, adelante, iré en avión. 
 
A la ida, pasable, el vuelo a rebosar, no hubo incidencias, ni turbulencias, ni saltos del avión ni aterrizaje complicado, el compañero de sitio me daba conversación y sólo por la vergüenza  y por no montar el número, intentaba hacer que no me pasaba nada.   Mal rato, pero sin más.   Aunque respiré mejor cuando llegamos allí.
 
A la vuelta, sólo íbamos 10 personas en el vuelo.  Me senté a mitad de avión, y nadie iba conmigo.  Tenía ganas de llegar a casa, y sólo pensaba en llegar al aeropuerto de Zaragoza.  Era de noche.
 
Una pareja estaba sentada al otro lado del pasillo, y yo en la butaca del pasillo (intento hacerme a la idea de que voy en el bus del colegio, manías…).
 
Saqué mi cuaderno, y para distraerme empecé a escribir lo primero que se me ocurría. 
 
Comenzaron a sacar la cena con los carritos, y el avión empezó a moverse.  “Isabel, no te preocupes” (me animo como las tenistas pero en voz baja…), “no pasa nada, esto son cosas normales”…
Y otra vez, el avión venga  a dar botes…  Claro, botes encima de…  ¡nada…!, ¡del aire!, del hueco entre el suelo y el avión…   Peor cuanto más lo pensaba.
Solté el cuaderno, me agarré al reposabrazos, cerré los ojos y yo seguía pensando “mira que te gusta montar el numerito, que esto es normal”.
 
Pero, mientras notaba que estaba llorando (incontrolable), y me seguía animando, vi a las azafatas que recogían el carrito a mitad del reparto, se sentaban en sus asientos y nos mandaban poner el cinturón (que yo como en los coches no me lo quito hasta que no está parado… por si acaso ;-)), a la par que el piloto nos decía que “no pasaba nada”. 
Mala señal, muy mala, en las pelis de aviones (qué daño hacen esas películas, madre mía), siempre antes de estrellarse dicen eso mismo…
 
Entonces, SOLA (eso fue lo peor) me empecé a imaginar “estampada” en Lérida, y empecé a pensar lo que les costaría a mis familiares enterarse y llegar a recogerme, si alguien encontraría el teléfono de Fernando para avisarle (no hacía ni dos meses que nos habíamos casado), que nunca podría ser madre, que tenía miles de cosas sin hacer todavía…   Sensaciones terribles que aún ahora me ponen los pelos de punta.
 
Una azafata se me acercó, no sé si me oyó sollozar o qué, y vino a darme un zumo… ¿Un zumo?  Un whisky pensé…. es lo que necesito.  
Y me preguntó discretamente y agachándose hacia mí “¿está usted bien?” y abrí los ojos, la vi y le dije “No!” y los cerré y seguí llorando… 
 
Ella se fue a su sitio, muy discreta, pese a mi respuesta poco cordial, aunque no me hubiera importado que se hubiera quedado ahí cogiéndome la mano, pero se “retiró” y me dejó sufrir en silencio…  Bien hecho, porque igual hubiera reaccionado como Melendi!!  Aunque no lo creo.
 
Fue aterrizar, agarrada al asiento, con el cinturón (que casi me llevo puesto), hecha un mar de lágrimas.  Eso sí, poner el pie en el suelo, notar el aire al salir por la puerta del avión y olvidarme de todo. 
 
Sólo quería llegar a casa y dormir en mi cama. 
 
En los siguientes vuelos, el Lexatín soluciona mis males.  No me entero de nada, todo el mundo me parece simpático, las azafatas encantadoras, tengo la sensación de estar volando…  y es que lo estoy… aunque no me dé cuenta!
 
Carlos, conmigo lo tienes difícil!!!  “.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

5 pensamientos sobre “Un caso de miedo a volar.

  1. como te comprendo. Creo que es muy inportante no estar sola y compartir y verbalizar que tienes miedo. A mi me aterra las sensaciones físicas de inestabilidad que dan los baches y las turbulencias, las nauseas y el mareo intenso que no se va con nada. Pero si alguna vez he ido sola es mucho peor. te concentras obsesivamente en cualquier ruidito, o sensación física tuya y la bola mental es inmensa y creo que es mejor darle la paliza a la azafata o al vecino si es que no vas acompañada. Ahora debo ir a Amsterdam el lunes y temo enormenete encontrar tormenta o nubes o turbulencias, y miro una y otra vez las pervisiones meteorológicas, pero nada ni nadie me va asegurar de tener un vuelo tranquilo. Estos días previos son fatales.

  2. TENGO MIEDO MIEDO MIEDO A VOLAR
    NO SE QUE HACER, ME PASA IGUAL QUE A TI. ES UN MIEDO TERRIBLE ODIO ODIO VOLAR!!!!!!
    Y ME QUEDO PENSANDO EN LOS ACCIDENTES Q PASAN Y ESO ME DA PAVOR.

  3. MJ no pienses en nada solamente es algo que está ahí y se puede llegar a superar siempre que se quiera y se necesite. Mientras tanto te recomiendo no hacer caso de lo que hablan los periódicos y por supuesto ni mirar la TV cuando muestran hasta la saciedad las imágenes de un accidente aislado después de muchísimos años. Ignóralos y todo empezará a mejorar.

  4. Gracias Carla, pero mejor que pongas el enlace donde dices que hacen esos cursos. Yo ya he visitado tu dirección pero es mejor que seas tú quien lo “promocione”, ¿de acuerdo?.

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