Una mesa en la terraza

 

mesa y sillas de terraza

 

Llegaba ayer a tomarme una cervecita después de “trabajar” , en el “bar de abajo”, como de vez en cuando suelo hacer si el tiempo es bueno y sólo me espera una cama vacía invitándome a una siesta.

Había madrugado, si las 6 de la mañana se considera madrugar. El coche estaba listo en el garaje, metí los dos bártulos que un viajero continuo suele llevar consigo, lo imprescindible apenas, y me metí en la autovía todavía de noche… Conduje sin prisa, habituado al sonido que marca un motor Diesel a 2200 revoluciones por minuto, velocidad moderada dentro de límites, y ¡tira millas!.

LLegué a Madrid con bastante margen antes de la hora de comienzo, así que cumplí con una buena porra y un café, templado, al aire libre y con sol. Las nubes todavía no llegaban al sur de la Sierra madrileña y el Sol matinal refuerza el ánimo para acometer la tarea con cierta alegría mediterránea. Si fuese chino tal vez daría la bienvenida al día haciendo Taichi, pero sigo prefiriendo una dosis de cafeína  en vena.

Ví cómo una chica de edad intermedia, ni muy joven ni muy madura, se hacía con la única mesa dispuesta en la terraza del bar, y dos sillones de mimbre artificial, que ofrecen su asiento a quien prefiere morir de frío antes que dejar de “echar un piti”.

Salía con mi cerveza un tanto contrariado porque me habían dejado sin silla y preguntándome si fue eso lo que le pasó al Obispo de Sevilla… pero inmediatamente encendí mi cigarrillo, sorbito de cerveza y llamada con el móvil; reportando novedades. Cuando colgué, desde la mesa me llegó una invitación a compartir asiento, con tal desenvoltura y una enorme sonrisa que no me hicieron dudar ni un instante.

-Gracias, acepto encantado.

Apenas un gesto es capaz de cambiar un día entero. La chica esperaba a alguien para ir a comer, yo sólo quería tomar una cerveza antes de sentarme también a comer, pero nuestra vida se cruzó por un instante en una mesa de terraza y hablamos de compartir, de eliminar barreras que nos imponemos sin razón, y de cómo somos tan tontos de que una invitación inocente para que todos disfrutemos de esos pequeños placeres que nos ofrece una mesa al sol. Sin tabúes, sin correcciones ni convencionalismos sociales impuestos.

Tal vez el próximo día que llegue yo primero a la mesa, me atreva a invitar a cualquiera que salga también a disfrutar del sol y una cerveza.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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