Unas fluviopalabras

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Hace un tiempo os hablé de un témino “fluviofelicidad” que, como muy poco, es totalmente corto en cuanto a lo que puede llegar a expresar.

Ayer volví de una inmersión profunda en su significado y en cómo entender plenamente lo que intenta transmitir su autor con este “sueño”:    llevar la felicidad a todo el mundo por el simple hecho de navegar en un río. Y verdaderamente que se logra sentir una felicidad inmensa que te va llegando, de a poquito en un principio, y que de repente te inunda con la fuerza de una auténtica riada de emociones que emanan del río y de sus efímeros fluvioremeros.

Javier ha dado con la clave de cómo hacer que las personas, exploten sus emociones en beneficio propio y de los compañeros de viaje. Ha amalgamado un variopinto grupo de gente de todos los rincones del mundo subiéndolos en una canoa y echándolos al agua a cabalgar sobre un río suave y tranquilo y querido y ambicionado por partes iguales. Quienes viven con él y de él, lo aman y lo quieren para sobrevivir y recordar a los que les precedieron en su utilización y disfrute. Y los demás ambicionan lo que ofrece como medio de obtener beneficio, o como la única forma de entender la vida de un río, casi con la misma importancia que se le da a una simple vida humana: NADA.

Cuando te sumerges en su seno y te meces entre los juncos o los sotos de ribera, inspiras el aroma de la vegetación que se abre paso desde la orilla y vas rumbo a un nuevo pueblo  que conocer; después de unas breves horas de remo, tu ritmo se ajusta progresivamente al fluir del agua, al esfuerzo de tus brazos y cansado llegas a la orilla muy feliz de haber superado una nueva etapa.

En este simple principio ha basado su nueva forma de ofrecernos a todos un poco de felicidad, sentir un río, el que sea (en nuestro caso el Ebro), pero más importante aún es sentir a las personas con las que compartes este viaje iniciático hacia el interior de la naturaleza y de tí mismo, para que cuando acabe el mismo hayas quedado tan transparente como las propias aguas de un río en su nacimiento, desnudo de tus prejuicios  e impregnado del amor de la madre tierra.

Un reto dificil que es dificil transmitir y que, como bien comentaba Javier, una imagen vale más que mil palabras, pero un sentimiento vale más que un millón de imágenes. Yo intentaré ir trayendo todo lo que cogí en el río, sentimientos, imágenes y las palabras irán surgiendo de tal modo que os pueda hacer comprender que, a veces, para empezar a ser feliz es casi suficiente con empezar por remar unos días en un río… Al menos unos cuantos de nosotros ya nos hemos convencido de ello y ambicionamos hacerlo llegar tan lejos como podamos y hemos sido investidos miembros de la “Orden de la Fluviofelicidad”.

Acerca de Carlos

Piloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

7 pensamientos sobre “Unas fluviopalabras

  1. Apreciado fluvioamigo Carlos,
    Es cierto que una imágen vale por mil palabras. Sin embargo, tus palabras expresan tanto sentir que, en este caso, bien vale la pena leerlas. Así, volvemos a recomponer en nuestra mente la imágen del río, a medida que vamos recorriendo tu relato.

  2. Hola!! aprovecho estas fluviopalabras para contaros que sí, que he estado en el Iguazu, mojándome en sus cataratas. He subido a 10 aviones, y he vuelto sana y salva. Y pensaba que iba a ser peor… digamos que sólo lo he pasado mal en 7 de los 10… y de esos 7, sólo 1 para olvidar… Bueno, creo que voy mejorando. Ya te enviaré, Carlos, una foto mía que estoy en un avión.. y sonriendo!!!!! Un beso muy fuerte

  3. ¡Esta es mi Quechu!. Espero que la foto sea brindando con zumito de naranja con los pilotos… ¡Bravo! y feliz regreso. Al final te hago saltar en paracaídas. 😉

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