Corpus incorruptus

Estamos saturados de procesos judiciales en los que el tipo de delitos que se instruyen tienen como denominador común la CORRUPCION. A partir de ahí la tipificación de sus variantes incluye un largo listado de acciones punibles y siempre salen a colación diferentes términos más o menos familiares por la reiteración, pero de los que apenas podemos distinguir o precisar su significado en cuanto que la lengua común, la que utilizamos a diario, no tiene por qué adentrarse en materias que deberían ser poco menos que anecdóticas. Sin embargo oimos con excesiva frecuencia hablar de: malversación, prevaricación, extorsión, evasión, tráfico de influencias, etc., etc. y la impresión que tenemos los legos en fraudes y despilfarros, es la de que los que nos gobiernan o pretenden hacerlo, están «al cabo de la calle» y son expertos en delinquir (presuntamente) apenas tienen un puestecito de mayor o menor relevancia desde el que organizar una trama financiera para «tangarnos» la pasta que como contribuyentes destinamos al mantenimiento de los servicios de utilidad pública.

Trataba de buscar un traductor en línea para un «latinajo» con el que he titulado este artículo «CORPUS INCORRUPTUS» y me he llevado una sorpresa mayúscula al ver que su traducción al español era MODA. !!!. O sea que viene como «anillo al dedo» si consideramos que lo de la corrupción parece precisamente estar de moda.

No tengo duda alguna de que  todos aquellos que se dedican a la política suelen ser personas que de inicio quieren hacerlo con el afán de mejorar el bien común de sus conciudadanos, y aportar sus esfuerzos a veces de manera altruista, como muchos alcaldes y ediles de pequeños municipios, que también son parte de lo que llaman la administración pública (en su caso a nivel local), y muchos otros convierten la política en una profesión en la que aplicarse sin otro afán que el de defender los intereses generales, y por ello recibir la compensación económica que se merecen y se ganan honestamente, como el resto de paisanos que tienen un trabajo y lógicamente cobran por sus servicios profesionales.

Estamos asistiendo con unas caras de bochorno supino, a ver sentados en los banquillos de distintos tribunales, a figuras políticas cuyas actuaciones distan mucho de poder ser consideradas al menos como «lícitas». Este hecho nos deja a todos tan perplejos que dudamos ya hasta del último afiliado a un grupo político cualquiera, atribuyendole de entrada la presunción de culpabilidad y cohecho con los  presuntos delincuentes que conforman la compleja estructura de dichas formaciones políticas.

Tontos no somos, ni creemos o dejamos de creer en que la justicia actúa, que tarde o temprano si se demuestra que ha habido un delito, serán juzgados y condenados -si procede- a las penas que les correspondan, pero mientras tanto en nuestros pensamientos quedan siempre las sombras de las dudas, de la suspicacia, de la incredulidad, la frustración y la rabia que produce ver que en cierto modo con nuestra mísera papeleta del voto hemos podido ser responsables de que esos presuntos maleantes hayan llegado a las más altas cotas de desfachatez y mentiras que nos han ido inoculando a través de discursos grandilocuentes en los que predicaban justamente todo lo contrario a lo que «en la intimidad» de sus «chiringuitos» practicaban con una gran maestría: la corrupción de manera mafiosa o incluso casi casi «institucional» a la que nadie quería mirar de manera directa a la cara y «cortar por lo sano»…

Las metáforas de «tirar de la manta», de que las «ramas que caigan puedan derribar otras», de que «se han puesto manos en el fuego» y las quemaduras son de tercer grado, de que un donativo para la causa de un partido en forma de tanto por ciento no es más que una práctica común que consideran puro marketing… en fin un larguísimo rosario de malas prácticas que no hacen más que desviar la atención del problema hacia unos cuantos «cabezas de turco» sobre los que derramar la inmundicia y el oprobio para salvar siempre a alguien por encima de ellos.

Imaginemos que el sistema está tan corrompido que es poco menos que utópico pensar en una limpieza conservando los cimientos y la distribución actuales, que las raíces del mal son demasiado profundas y con su corte superficial sólo duraría limpio unos meses hasta que los nuevos retoños fueran tomando forma y ganando fuerza para volver a invadir el recinto… Reformar una casa vieja resulta costoso y molesto, y no siempre acertamos con el diseño adecuado, ya que nos limitan aspectos estructurales en los que no podemos actuar so pena de que se nos venga encima aquello que queríamos conservar. Así que igual tendríamos que «liarnos la manta a la cabeza» y derrumbar hasta el último resto de aquello que se ha hecho inhabitable para con un diseño de  nueva factura, adaptado a las necesidades actuales y futuras, con espacios diáfanos por los que pueda pasar la luz sin tamizar, y tengamos de nuevo la ilusión de amueblar y vivir a gusto en esa casa que llamamos España, limpia, aseada y más honesta que la mujer del César. Claro que eso mal entendido podría ser confundido con una revolución…

 

 

 

Acerca de Carlos

Expiloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

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