El Ebro guarda silencio.

Con esta estrofa comienza el pasodoble-jota Sierra de Lunaque transmite el sentir aragonés hacia su patrona la Virgen del Pilar. Pero hoy quiero hablar del río Ebro, y de sus silencios.

Cuando se estudia el río en función del caudal siempre aparece como el más caudaloso de España, una idea que queda fija en nuestra memoria, y si no se profundiza un poquito más, no llegamos a descubrir que es solamente una media. Realmente hay épocas en las que las avenidas arrasan los campos y sus cosechas, granjas y edificaciones que se encuentran en la zona inundable del mismo quedan anegadas, y los pueblos ribereños miran con angustia las crecidas y tratan de ponerle freno elevando “motas” y abriendo desaguaderos hacia zonas donde el daño sea menor.

Ayer el río estaba radiante, cubierto de algas (macrófitos) que hacían amarillear la pequeña lámina que discurría mansamente por el cauce. Apenas un palmo de agua en muchas zonas, y unos hilos de agua corriente que se encaminaban hacia el mar con parsimonia, tratando de disfrutar un rato más de la imagen del Pilar o del puente romano.

Los aragoneses solemos hablar poco de lo nuestro, casi en silencio como nuestro río en el estiaje, y apenas damos realce a todo aquello que nos identifica y nos marca, y somos un tanto dados a la queja como “por lo bajini”, sin hacernos notar demasiado, tal vez cansados de comprobar que porcentualmente nuestra influencia suele ser mínima en los grandes asuntos de Estado.

Llevamos años de litigio con el Plan Hidrológico, tratando de evitar un trasvase que de llevarse a cabo acabaría fundamentalmente con las tierras del Baix Ebre, ya muy cerca de la desembocadura en el delta, y restaría posibilidades de riego en zonas donde el agua es tan necesaria o más que en cualquier otro destino. En cuanto al patrimonio del Monasterio de Sijena, se nos ve casi resignados a esperar que un Gobierno con autoridad tome las decisiones oportunas para su recuperación, mientras los custodios actuales hacen caso omiso de las resoluciones judiciales…

El río ofrece a todos su belleza, su bravura o su silencio, el agua cuando la tiene o el barro cuarteado cuando no puede dar más de sí. Hoy he querido dejar una pequeña muestra fotográfica de un río casi seco que sólo puede ofrecer ahora una imagen preciosa de una ciudad bimilenaria que calla y vive, sometida al cierzo o al calor, a la riada o a la sequía y que siempre os recibe con los brazos abiertos a todos aquellos que quereis disfrutar de nuestra historia y nuestra forma de ser sobria y noble, esculpida a lo largo de los siglos por el cincel del río que se abre paso hacia la mar…

Acerca de Carlos

Expiloto de líneas Aéreas, aficionado a las artes: Pintura, Literatura, Música, Fotografía, con ganas de divulgar aquello que he vivido a lo largo de mi experiencia profesional y humana..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*