Transporte de discapacitados

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Este es uno de los temas más polémicos con el que nos enfrentamos día a día los pasajeros con alguna discapacidad y los propios pilotos.Es un asunto muy serio y que afecta a muchas sensibilidades, por lo que su tratamiento ha de ser muy sutil y cuidadoso.

En primer lugar hay que definir lo que se entiende por pasajero discapacitado. Este sería toda persona con «dificultad» para moverse o para comprender las instrucciones en una posible evacuación, y creo que ha quedado bastante claro en el enlace anterior.

Los problemas practicos comienzan justo a la hora del acceso al avión. Generalmente los pasajeros con alguna discapacidad que están habituados a volar, advierten de las características especiales de su situación y son ellos los que facilitan la labor al personal de embarque. Sin embargo aquellos que vuelan por primera vez se encuentran con una serie de dificultades que no habían previsto y que les llenan de amargura y frustración. Parece que en vez de facilitarles el vuelo se les intentase amargar el viaje. A veces nadie llega a tener constancia de su situación hasta que no llegan al avión. Lo habitual  es que otra persona haya realizado la facturación y embarque del discapacitado y no haya comentado nada al respecto por desconocimiento de la normativa que rige en estos casos. Sea como fuere al subir al avión es donde comienzan los problemas.

Las azafatas que les reciben son las primeras sorprendidas puesto que el asiento que se les ha adjudicado es «incompatible» con su situación. Se les intenta acomodar en los asientos habilitados en el Manual de Operaciones y empiezan a herirse susceptibilidades. En el caso de ir acompañados, dichos acompañantes suelen  «abogar» contra el trato discriminatorio, comenzando una discusión que no puede conducir a nada. Como el horario se echa encima se suele comunicar al comandante del vuelo para que tome las medidas «oportunas». En general estas medidas son extraordinariamente simples: hacer cumplir la normativa vigente en esta materia sin entrar a buscar las razones por las que se ha producido la situación. ¡No hay tiempo para más!. Lamentablemente mientras se realiza el embarque del pasaje los pilotos están realizando todo un proceso de gestión del vuelo que lleva desde la solicitud de autorización y ruta del vuelo, hasta el permiso para poner en marcha, firma de documentación, hoja de carga, combustible, etc. Repaso de procedimientos de rodaje y salida instrumental, preparación de la cabina, listas de chequeo, y un largo etcétera. En fin que difícilmente hay tiempo que «perder» para salir a explicar la normativa al pasajero afectado. Bien es cierto que, en la mayoría de los casos, la actitud del pasajero discapacitado es de comprensión total y de aceptación. Son los que más sienten que el desconocimiento de las normas hayan podido causar algún trastorno, así que suelen aceptar de buen grado las indicaciones de las azafatas. Pero en otras ocasiones sólo se avienen a razones cuando el comandante del vuelo «obliga» a que se cumplan las normas. En el peor de los casos éstas obligan a no admitir a embarque a algún pasajero, generalmente porque se ha sobrepasado el porcentaje de discapacitados máximo que se puede transportar en un determinado tipo de avión.

Puede que la decisión de hacer desembarcar a un pasajero con discapacidad sea la más ingrata que tiene que tomar un piloto al mando, pero que todos tengais claro que, si la toma es porque no le queda «otro remedio». Sabe además que va a ser portada de todos los periódicos y televisiones del país, que va a ser vilipendiado y tachado de prepotente y arrogante y que ,por supuesto, «no tiene corazón».  La telebasura va a tener «carnaza» para varios días y todo el mundo va a opinar sobre el tema una y mil veces. Todo el mundo menos el piloto, claro. 

En la actualidad se está avanzando en este sentido intentando facilitar y regular de forma más flexible la normativa en vigor. Pero de momento hay que cumplir con la que tenemos, que no es poca, y tengo constancia de que muchos compañeros de profesión en estas situaciones hacen un poco «la vista gorda», consiguiendo el efecto contrario al que pretenden porque, desde ese momento, se pone en tela de juicio la actitud del resto de profesionales, haciendo creer falsamente que el embarque de un pasajero discapacitado depende únicamente del «criterio» del comandante. 

Si teneis agallas de leer la circular operativa de aviación civil 18/82 (ahora sustituida por la 04/01), vereis que nuestro criterio nada tiene que ver con la arbitrariedad. ¡Feliz vuelo!.

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